miércoles, 10 de septiembre de 2008

NUNCA TIRES LA TOALLA: La lactancia de Eva y Leo

Unos meses antes de dar a luz lo teníamos “todo” preparado. Habíamos decidido que si no había ningún imprevisto daría a luz en mi casa con Isabel Escartin.

Llego el gran día y todo fue sobre ruedas. Leo llegó al mundo con los ojos bien abiertos y no dejaba de mirarnos las caras.

A partir de ese momento fue cuando empezaron los “problemas”. Enseguida me puse a Leo al pecho, pero no conseguía que mamara. Yo tenia los pezones planos o invertidos (todavía no lo se bien), así que pensé, o mas bien me hicieron pensar, que quizás se debiera a esto. Isabel nos recomendó que si seguíamos sin conseguir que cogiera el pecho nos acercáramos a la farmacia y compráramos unas pezoneras.

Durante las siguientes 24 horas usamos unas pezoneras de un material opaco, así que era bien difícil saber si realmente le estaba llegando leche. Después cambiamos a unas pezoneras semitransparentes, donde se podía intuir que pasaba leche desde mi pecho hasta Leo.

Al tercer día cuando pesamos a Leo había perdido el 10% del peso del nacimiento. Estábamos realmente asustados y empezamos a sospechar que con las pezoneras estaba tragando mas aire que leche. Así que los siguientes tres días me los pase con el sacaleches. Por cierto que luego descubrí que era un modelo muy poco adecuado para extraerse leche durante los primeros días.

Bueno, cualquier mujer que haya dependido de un sacaleches para alimentar a su hijo, entenderá la angustia por la que pase. Por un lado es frustrante, ya que parece que tu cuerpo no funcione correctamente y por otro lado es agotador, ya que para que Leo no confundiera la tetina le dábamos la leche con cucharilla. Todo esto unido al cansancio postparto y las visitas interminables hicieron que me encontrara en limites extremos de agotamiento.

Cuando a la semana de haber nacido Leo nos acercamos al centro de salud, para que el pediatra revisara a Leo, nos dimos de bruces con el segundo “problema”: si das a luz en casa NUNCA debes esperar que un pediatra comparta, ni comprenda, ni siquiera respete tu decisión.

Uno de sus comentarios mas demoledores fue que si nos pensábamos que estábamos en África. Después este “profesional” decidió darnos la espalda mientras revisaba a Leo e inicio una conversación con la enfermera como si nosotros no estuviéramos allí.

“Míralo”- le decía la pediatra a la enfermera - “pobrecico, esta en los huesos, yo es que así no puedo...” La enfermera no le contesto, pero hizo un movimiento con la cabeza de un lado a otro como si el tema fuera irreversible y no tuviera solución.

Finalmente nos recomiendan acercarnos al hospital para que revisaran a Leo, por un lado la pediatra no se quiere hacer responsable de ser la primera “profesional” en dar el visto bueno a Leo. En mi opinión era la primera vez que se enfrentaba a una situación similar y no quería tomar mas responsabilidades de las necesarias. Por otro lado nos dicen que el cordón umbilical puede que este infectado... Esto también daría para otro blog entero, resulta que como no lo habíamos curado según el protocolo no sabían si estaba bien o no. Para acabar este trágico episodio se disponen a pinchar algo a Leo, cuando preguntamos que es, nos informan que es una vacuna. Le decimos que hasta que no mejore su estado preferimos no pinchar... Bueno esto ya fue la gota que colmo el vaso...

El caso es que salimos del centro de salud totalmente desorientados. La pediatra que nos atendió no nos daba ninguna confianza como profesional, pero por otro lado siempre tienes la duda de y si no...

Así que decidimos buscar otro medico que le echara un vistazo. El segundo medico nos dijo que lo que necesitaba era teta, que siguiéramos insistiendo. El cordón lo vio correcto.

El caso es que estábamos entre pinto y valdemoro, por un lado nos queríamos convencer de que el segundo profesional era “mas” profesional y que Leo se encontraba bien, y que simplemente con tiempo e insistencia en la teta terminaría ganando peso. Pero por otro lado estábamos aterrorizados ante la perspectiva de que algo le ocurriera a Leo, por el simple hecho de encabezonarnos con la teta. Así que a las 3 de la mañana de un viernes (7 días después del gran nacimiento de Leo), después de estar horas indecisos, tomamos la decisión de acercarnos al hospital para que revisaran a Leo.

En el hospital nos confirman que Leo no esta deshidratado, pero para asegurarse de que no le pasa nada deben ingresarlo para ir haciéndole otras pruebas. El momento de dejar a tu hijo en manos de otros, os podemos asegurar, que es el mas duro de todos. Se nos vino el mundo encima, no podíamos entender porque no podíamos estar con Leo.

Resumiendo Leo estuvo ingresado tres interminables días en neonatos. Allí le hicieron pruebas de sangre, orina y no se si algo mas, ya que la información que dan los médicos a los padres es demencial. Todo salio bien y finalmente le dieron el alta. Durante los tres días que estuvo allí engordo medio kilo, a base de leche artificial.

Yo me sacaba leche antes de cada visita en mi casa, y se la daba allí con biberón. Antes intentaba darle el pecho, pero las enfermeras que trabajan allí no tienen ni idea de lactancia. Algunos de los "consejos" que me dieron:

"inclínate hacia delante para que le llegue la leche a tu hijo",

"lávate las manos y los pechos antes de darle el pecho o le puedes infectar",

"no tienes leche, claro si te has sacado en casa es imposible que aquí tengas leche para darle".

En fin, el resultado fue que cuando Leo tenia 10 días de vida, se tomaba 9 biberones de 100cc de leche artificial. El pecho no lo cogía ni en broma.

Pero entonces pensé en todas las personas, amigos, familiares, conocidos, que me habían contado que no habían dado el pecho porque no tenían leche. Yo siempre que les escuchaba pensaba que eso eran tonterías, después de haber leído el libro sobre lactancia de Carlos Gonzalez, tenia muy claro que cualquier mujer que lo deseara podía dar el pecho. Y allí me encontraba yo, lo que mas deseaba era poder darle el pecho a mi hijo, pero ya habían pasado 10 días y todavía no lo había conseguido.

¿Debía tirar la toalla? Fue entonces cuando decidí citarme con la matrona de mi centro de Salud. Amelia, en una sola sesión de menos de una hora, y ante los ojos atónitos de mi madre (y porque no decirlo los míos propios), me ayudo a que Leo me cogiera el pecho. Parecía magia, pero no, era apoyo a la lactancia.

Unos días mas tarde conocí a MªAngeles Checa, y se puede decir que es gracias a ella que la lactancia prospero con éxito, y espero que dure muchos años. He de decir que no fue un camino fácil, eliminar la lactancia artificial y pasar a la materna no es de un día para otro. Yo tarde casi un mes y medio en eliminar todos los biberones.

Yo necesitaba alguien que me apoyara y me diera la seguridad de que si podía, y con el grupo de apoyo de MªAngeles lo conseguí

Desde aquí muchas gracias por tu apoyo incondicional.

También quiero dar las gracias al blog de Zaragoza Pro Parto Natural, por ofrecernos este espacio para compartir estas experiencias. Espero que la mía sirva para que nadie tire la toalla.

6 comentarios:

Mª Pilar dijo...

Me ha emocionado leer vuestra experiencia, a pesar de conoceros.
Creo que puede ayudar a muchas mamás para que NO TIREN LA TOALLA.
Muchas gracias por compartir tu historia.

Lorién dijo...

A nosotros también nos ha emocionado. Vaya ejemplo de valentia fuerza y tesón.

Y vaya ejemplo de medicos, matronas de segunda y de fallos del sistema medico.

1) Pediatras que no solos se creen en posesión de la verdad sino que desprecian a las madres en un acto de violencia contra ellas el bebé y la crianza.

2) Matronas con creencias desfasadas y contraproducentes en otro acto de violencia (no consciente en este caso) recomendando cosas inutiles e incluso contraproducentes.

3) Falta de sensibilidad del sistema y quienes lo integran al no permitir el contacto permanente mamá-bebe en caso de ingreso. Más violencia pasiva...

¡¡¿Pero cuando abrirán los ojos...??!!

Por cierto, creo saber quien es tu pediatra, solo hemos hablado con ella una vez pero se le vió el plumero e inmediatamente cambiamos de pediatra. No cito su nombre en un acto de respeto que ella no tendria, como ha demostrado con vosotros.

En definitiva bien por vosotros, querida familia, y gracias por el ejemplo de tesón y la demostración de que "hay madres que no tiene leche" es una autentica falacia.

Celeste dijo...

Me ha parecido increible tu historia, no he podido detener las lágrimas al leerla. No has podido encontrar un mejor título "nunca tires la toalla" eres un ejemplo a seguir.
Y sobre algunos médicos, que fuerte, se suponen que deben ayudarte, pero no es así, algunos estarian mejor en su casita.
Celeste.

yajaira dijo...

r

estefi dijo...

Me has dejado helada.
Vaya ejemplo de tesón y valentía. Muchas gracias por compartirlo.

Lamento las dificultades con las que te has encontrado y entiendo ese sentimiento de "yo que me he leido el libro, por qué no puedo"

Mucho ánimo y un beso muy fuerte para los 3.

Rosa dijo...

La historia de Eva y Leo me ha recordado la mía con mi hija Alma. En el hospital (Miguel Servet) no me ayudaron apenas con la lactancia. Cuando salí de allí pedí ayuda a la matrona de otro centro de salud, pues la mía estaba de vacaciones y no la habían sustituido (¿no es eso prioritario?)La pobre estaba saturada de trabajo e hizo lo que pudo. Volví a casa y pensé que estaba mamando bien, hasta que en la primera visita a la pediatra, nos dijo que estaba deshidratada y había perdido mucho peso (no cometais nuestro mismo error,los primeros días pesad a vuestros hijos a menudo, el peso sí importa, sin obsesionarse, claro, pero puede señalar que el niño no come lo suficiente o no mama bien). Casi la tienen que ingresar. Por suerte, lo solucionamos con biberones. Yo me quedé fatal, estaba triste, agotada, y me sentía culpable e inepta. La presión por parte de mi entorno para que me olvidara del pecho fue brutal, pero no sé de dónde saqué fuerzas para seguir dándoselo antes de cada biberón y para llamar a Vía Láctea. Contacté con Araceli y accedió a venir a mi casa dada mi situación (en pleno julio y con un calor así no podía sacar a Alma de casa)Mi marido fue el único momento en que flaqueó, luego me apoyó contra viento y marea n todo.También llamé a amigas que habían dado el pecho y me atrincheré en mi postura de no rendirme. Reconozco que fue lo más duro que he hecho en mi vida. Cuando un día noté que por fin mi hija mamaba más o menos bien, me dispuse a quitarle el biberón. Me costó horrores, todo el día en la teta, o yo sacándome leche para estimular la producción, o dándole el biberón cuando no pdía mi marido, o curándome las grietas (hasta que aprendió a mamar bien bien)Mi madre insistía en que me olvidara, algunas amigas se mostraban escépticas, sólo me apoyaba mi marido. Yo estaba agotada y tuve momentos de debilidad, pero después de todo mi esfuerzo, al mes y poquito de nacer Alma sólo tomaba teta y ganaba peso con normalidad. Le he dado el pecho hasta el año y medio (también aguantando opiniones de todo tipo, por supuesto), y porque me quedé embarazada otra vez y no quería darle a los dos a la vez (que hubiera podido, pero no quise, y no hay que olvidar que la lactancia deben desearla la madre y el niño)Casi nadie me dijo: está bien, nos hemos equivocado, has sido capaz, qué poca idea tenemos sobre lactancia, pero cómo nos gusta opinar a todos.Ojalá os sirva mi experiencia para daros cuenta de que si de verdad queréis podeis.