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domingo, 1 de abril de 2012

El parto/nacimiento de Isabel y Martin

Mi nombre es Isabel y mi hijo se llama Martín; Éste es el tercer (y último) relato que os envío, ya os conté los partos de mis hijos Iker e Irene.

Para este tercer embarazo y parto, no fue necesario tanto “preparativo”, ya que mi ginecólogo seguiría siendo Jorge Iranzo. Esta vez había decido no contar con la ayuda de una doula. No por nada, sino porque mi segundo parto fue tan rápido que lo hice yo todo sola. Por eso, al ser el tercero, pensaba que sería “meteórico” (y así fue finalmente!). El lugar sería en la clínica Montecanal (ya había parido en Quirón y Montpellier, así que ésta sería mi primera experiencia allí.) Jorge me había comentado que ésta es la que más fomenta la no separación del bebé, pero yo no llegaba a estar convencida del todo.

Salía de cuentas sobre el 1 de Octubre y una vez más, pasó la fecha y yo seguía embarazada y sin ningún síntoma de parto, aunque dilatada de 3 cm y el cuello favorable. Según Jorge, el parto era “inminente”… al igual que en el embarazo de Irene, volví a insistirle en que no me gustaría una inducción y él me respondió que me respetaba y que también prefería que los partos se desencadenaran solos. Únicamente me comentó que en la siguiente visita, si presentaba una dilatación de 7 cm o más, entonces sí, porque si me ponía de parto no tardaría ni 2 minutos en dar a luz (y no era plan parir en la fila del mercadona…).

También le comenté el hecho de querer dar a luz lo más incorporada posible y fue él mismo el que me sugirió que diera a luz en la misma cama, sin pasarme al potro. Acepté sin dudarlo, claro.

Pasaron los días y llegamos al día 8 de Octubre (de 2011), sábado. Sobre las 7 de la mañana empecé a notar alguna contracción algo más fuerte que las propias de B.H., pero apenas indoloras. Tenía una cada veinte minutos aproximadamente, así estuve hasta las 8.30-9, hora en la que se despertaron mis hijos. Entonces, las contracciones pararon. Se lo comenté a mi marido, y otra vez, fue él el que me dijo que llamara a la matrona (Ana Pintos), porque no quería correr como con Irene. Ana me dijo que como ella iba para la clínica montecanal en ese momento, que fuera allí y me miraría. Tranquilamente, llegó mi madre que se quedó con mis hijos y nosotros nos despedimos con un “hasta ahora”.

Durante el trayecto, de 20 minutos, tuve una única contracción. Al llegar, Ana me hizo un tacto y dijo “Huyyyyyyy, pero si estás dilatada de 8 cm!. Ale, a hacer el ingreso, que voy a llamar a Jorge”. Yo continuaba con contracciones de ciento a viento y poco dolorosas. La matrona me dijo que me tendrían que poner un poco de oxitocina, ya que no tenía dinámica de parto. Por un lado, no me podía dejar marchar y por otro, no podía llamar al ginecólogo para que viniera a estar de brazos cruzados a esperar las 4 contracciones seguidas que necesitaba para terminar de dar a luz. No me hizo ninguna gracia, ya que enseguida me vino a la cabeza la inducción del primero y el final con ventosa. Así se lo comenté a Ana Pintos y me aseguró que en cuanto actuara un poco la oxitocina, acto seguido nacería Martín. De hecho, me dijo que no me pondría el gotero hasta estar ya en el paritorio y con el ginecólogo dentro, porque como me lo pusiera en la habitación, no me iba a dar ni tiempo a bajar. Me preguntó acerca de la epidural, acepté ponérmela porque ya me había entrado un poco de miedo al recordar las contracciones artificiales que provoca la oxitocina.

Finalmente, entre que hice el ingreso, me puse el pijama y me bajaron al paritorio, pasó una media hora. Bajé tumbada en la cama, cuando entré en el paritorio, les dije a la auxiliar del quirófano (supongo que era una auxiliar) y al anestesista, que iba a dar a luz allí mismo, no en el potro. El anestesista me comentó que si no sabía que eso era poco higiénico, que había mucha sangre en un parto. Le respondí que no me había fijado en mis otros partos y que Jorge estaba de acuerdo. Así que la auxiliar dijo, “Pues nada, si lo ha dicho Jorge, él es el que manda”. En ese momento, entró él y alguien le dijo que iba a manchar todo, él lo resolvió rápido pidiendo que pusieran en la cama un par de sábanas de cesárea.

Al anestesista le pedí una dosis muy suave de epidural, me dijo que así lo haría y que me haría efecto a los 5 minutos. Pero, o dí a luz muy rápido, o fue tan suave que no me hizo nada. Noté el expulsivo incluso más que en el parto de Irene, que fue sin anestesia.

En cuanto me pusieron la oxitocina, empezaron las contracciones fuertes y las ganas de empujar. Yo estaba sentada de medio lado, con una pierna sobre la cama y la otra doblada. Oía a Jorge de lejos, que me decía que empujara, mientras él estaba preparando el kit de extracción de la sangre del cordón. Yo pensaba, “Pero cuándo se va a acercar este hombre, que Martín está a punto de asomar!” Así fue, noté el aro de fuego y que la cabeza estaba ya fuera, luego los hombros y el resto del cuerpo. Me giré, miré y allí estaba mi bebé, llorando sobre el colchón!. Jorge sorprendido, “Anda, si ya ha nacido!”. Se acercó, cogió a Martín y me lo entregó.

En ese momento me agobié un poco porque notaba que Martín tenía la boca con líquido y parecía que no podía respirar bien (aunque lloraba de lo lindo). Así que pedí que se lo llevaran a la pediatra (que estaba en la sala de al lado). En tres minutos lo tuve de vuelta, en mis brazos. Mientras, me habían pasado al potro para coserme un pequeño desgarro. Al terminar, la auxiliar me dijo si me lo iba a subir a la habitación “piel con piel”. Me sorprendió muy gratamente, no mencionaron incubadoras ni nada. Y así comenzó la nueva vida de Martín, pegadito a su mamá!!

Respecto a la lactancia, no sé si fue porque ya era madre experimentada o por qué, pero no me hicieron ningún comentario. Ni para bien ni para mal… creo que me preguntaron una vez si comía bien y ya. Por supuesto, a Martín no se lo llevaban por la noche, sólo un rato por la mañana para lavarlo y que lo viera el pediatra. No pusieron en la cuna ningún bibe de suero glucosado, como en las otras (Quirón y Montpellier). Aunque las habitaciones me parecieron algo deterioradas para lo nueva que es y que la limpieza era regular (al ingresar nos metieron en la habitación con el baño sin limpiar y las sábanas del sofá cama sin cambiar) sin duda, es la más actualizada respecto a la no separación del bebé de las tres.

Y eso es todo, ojalá nunca olvide mi tercer parto, tan emocionante, rápido y fácil. Espero que la atención al parto vaya mejorando poco a poco en la sanidad privada y que no sea necesario justificarse más por el hecho de desear un parto menos intervenido.

lunes, 22 de marzo de 2010

EL NACIMIENTO DE RUTH

Lo he hecho! Lo he hecho!

La mañana del 9 de febrero del 2010, mi mente no podía dejar de repetir esas palabras, llenas de euforia, llenas de fuerza, de orgullo, de poder..., había parido a mi hija Ruth.



Cuando decidimos tener a nuestra segunda hija, hay algo que teníamos claro, esta vez íbamos a decidir cómo queríamos que fuese su nacimiento.

Judith, nuestra primera hija, no pudo tener el nacimiento que merecía, y en parte fue nuestra responsabilidad, nació por cesárea programada, venía de nalgas, y no nos planteamos más opciones, nos dejamos llevar por lo que nos dijeron los “profesionales” y no tomamos ninguna decisión. Judith pagó las consecuencias, aún me culpo por ello.

En este segundo embarazo todo fue distinto, planeamos cómo nos gustaría que fuese la llegada de nuestra niña desde un principio, redactamos un plan de parto con nuestras preferencias y nos informamos de todas las opciones que teníamos. Decidimos que Ruth nacería en el hospital de Alcañiz, pero que la dilatación la haríamos en casa, sin prisas, sin agobios y acompañados por nuestra “doula amiga”, Cristina.



Y así ocurrió....


Aún estaba de 37+3 semanas, cuando la tarde del 8 de febrero comencé a sentirme un poco rara, empecé a sentir molestias en mi pelvis que iban y venían, pero no les di mayor importancia, aún faltaban casi 3 semanas... Al llegar la noche esas molestias estaban algo más presentes y empecé a creer que sí era posible que el momento estuviese llegando y que mi pequeña quisiese conocernos ya.

Cenamos, Judith tomó su tetita y se durmió, Santy también se fue a dormir y yo me quedé en el salón, quería centrarme en mí misma y concentrarme en lo que creía que estaba comenzando. Me dí cuenta de que las contracciones eran cada 5 minutos, pero como eran muy suaves aún, me fui a la cama. A las 12 me levanté, no me sentía cómoda tumbada, necesitaba moverme, fui al salón y allí, en cada contracción, me apoyaba sobre el respaldo de una silla y me balanceaba, estaba relajada, tranquila, realmente estaba disfrutando de la experiencia que empezaba a vivir, estaba feliz.

Santy se dio cuenta de que no estaba en la habitación y se levantó, llegó al salón y le dije: Estoy de parto, Ruth tiene prisa por llegar, pero vete a la cama que aún falta mucho, yo te avisaré. Se fue, pero cada 15 o 20 minutos volvía a ver como estaba yo. Al final se quedó y, cada media hora, me iba dando las bolitas de homeopatía que habíamos preparado.

Sobre las 2.30 me insistía en que llamase ya a Cristina, nuestra doula, yo quería esperar pero él se quedaría más tranquilo si la avisaba, así que la llamé, le conté como estaba y decidimos que cuando la cosa fuese en aumento o hubiese algún cambio le avisase.

Dos horas más tarde yo seguía llevando las contracciones bastante bien, habían aumentado la intensidad y la duración, pero yo seguía muy tranquila, ahora lo recuerdo y me sorprende el estado de relajación tan grande que tenía en esos momentos, supongo que era algo que deseaba tanto vivir, que cuando me di cuenta de que estaba llegando, mi cuerpo y mi mente se relajaron para dejarme disfrutar de mi ansiado momento.

A las 4.15 fui al baño, expulsé el tapón mucoso, vomité, las contracciones se hicieron más intensas y me di cuenta de que la cosa era ya imparable, estaba en pleno parto.

Santy avisó a Cristina, y mientras yo me duché, ella llegó a casa.

Él se quedó mucho más tranquilo al verla, yo le decía que estaba bien, pero creo que necesitaba que alguien más se lo confirmara. Antes de nada me miró la línea púrpura, pero ni siquiera le pregunté, seguía tranquila. Ya no me apetecía estar de pie, sentía mucha presión y me encontraba más cómoda si apoyaba la pelvis, así que me senté en el sofá, Cristina mientras, en total silencio, cogía mis pies y aplicaba sus conocimientos sobre reflexología podal, y cómo funcionaba, había un punto en el que en cuanto aplicaba presión, la contracción llegaba con una fuerza superior, pero a la vez sus masajes me relajaban mucho entre contracción y contracción. Santy no se separaba de mí ni un segundo, yo apretaba su mano en cada contracción y él me acariciaba y me demostraba mucha serenidad, aunque por dentro sé que estaba muy nervioso.

Sobre las 6.15 fui al baño y había roto aguas, estaban teñidas, Cristina volvió a mirar la línea púrpura y le dijo a Santy que se vistiese, levantase a Judith y preparase todo para salir hacía el hospital.

Cuando fue a levantar a Judith y le dijo que nos íbamos todos para Alcañiz fue cómo si ya supiese lo que ocurría, le contestó: Si papá, que Ruth ya va a salir!, se levantó tan feliz, montamos al coche y siguió durmiendo, ni me reclamó, ella, con sus 3 años sabía cómo actuar en esos momentos y así lo hizo, a veces no valoramos la capacidad que tienen nuestros hijos para adaptarse a ciertas situaciones. Eres genial Judith!

El trayecto hacía Alcañiz fue quizás el único momento en el que me sentí más alerta, que no nerviosa, pero las contracciones eran ya muy fuertes, la posición muy incómoda y empecé a sentir como mi cuerpo empezaba a empujar por sí solo, yo no hacía nada pero en cada contracción sentía como Ruth bajaba y el líquido salía, de hecho sentía como si su cabeza ya estuviese casi fuera.

Eran las 7 de la mañana cuando llegamos a la puerta del hospital, Edu ya esperaba para recoger a Judith, la montó en su coche dormida y la llevó a su casa junto a su amiga Noa. Nosotros entramos. Yo subí a una silla de ruedas porque no soportaba la presión de pie y estaba mejor sentada, subimos y nos recibió Pilar, mi matrona. Lo primero que me dijo es que iba a comprobar mi dilatación y cual fue mi sorpresa cuando me dijo que estaba en completa, no me lo podía creer, yo iba convencida de que aún faltaría mucho, si realmente de dolor fuerte solo llevaba 2 horas..., pero ya estaba en expulsivo!

Me monitorizaron unos minutos para comprobar que Ruth estaba bien, ante el temor de la matrona de que hubiese tragado líquido, pero mi pequeña estaba genial y todo podía seguir su curso natural, aunque el expulsivo debía ser en el paritorio. Pilar me dijo que si quería podía tocar con mis dedos su cabecita, y así lo hice, fue una sensación tan intensa...mi niña ya estaba ahí abriendo camino, pronto la tendría en mis brazos.

Nos fuimos para el paritorio. Realmente no me importó tener que utilizar la silla de partos del hospital, por la necesidad que tenía de apoyar la pelvis, me sentí cómoda, además me colocaron una barra frontal que me venía muy bien para agarrarme.

Yo seguía tranquila, no sé porque razón, pero yo intuía que todo iba a salir bien, que no había ningún motivo para preocuparme ni ponerme nerviosa, supongo que las hormonas ayudaron mucho a tener esa sensación tan agradable.

Santy y Cristina me acompañaban, uno a cada lado, aunque Cristina, por motivos ajenos a ella, no pudo acompañarme en todo el expulsivo y nos esperó fuera.

Las contracciones eran muy fuertes y en cada una empujaba con fuerza y sentía como Ruth estaba más cerca, ya faltaba muy poco, Pilar me decía que todo iba sobre ruedas y hasta bromeábamos entre contracciones.

Al poco entró otra Pilar, la gine, supongo que se enteró de que las aguas estaban teñidas y vino a ver como iba todo y decidió acelerar el expulsivo mediante la maniobra de Kristeller, pese a que Ruth estaba bien y no había motivo alguno para tener ninguna prisa, de hecho ya no faltaba casi nada. Pero ni aún así me puse nerviosa, estaba como en las nubes.

Yo seguía empujando en cada contracción, creo que solo fueron 2 más y en la última sentí el famoso “aro de fuego” y en unos segundos la cabecita de mi niña estaba fuera, después otro empujoncito y todo su cuerpo resbaló y salió muy rápido, ¡qué sensación tan maravillosa!. Eran las 8.20 de la mañana.

Qué bonita! No lloró, solo gimió unos segundos y abrió sus ojitos para conocer el mundo, mientras su padre y yo la observábamos sin parar de llorar.

Su padre cortó el cordón. Comprobaron unos instantes que no había tragado líquido y me la dieron. No recuerdo momento más emocionante, sentí el vínculo con ella desde el primer instante, las hormonas habían hecho su trabajo, estaba flotando, enamorada de ella, la quería tanto ya...

Tras unos minutos llegó el alumbramiento, la placenta salió y sentí un gran alivio. Después Pilar, mi matrona, me cosía la episiotomía que gracias al Kristeller me tocó, pero ya daba igual, mi hija había nacido dignamente, en paz, con respeto y sólo eso importaba.

Volvimos a la sala de dilatación, allí nos esperaba Cristina, Ruth ya iba enganchada a su tetita, nos dejaron solos, allí estuvimos, no recuerdo cuanto tiempo, los tres solos, sin poder dejar de mirar a nuestra pequeña y disfrutando de unos momentos inolvidables. Nuestra hija había nacido con respeto, con dignidad, en calma, tuvo la llegada que merecía. Sólo nos faltaba algo para la felicidad completa, la presencia de nuestra hija mayor, Judith, pero en cuanto nos fue posible, al ratito, la reunimos con su hermana.

Pasamos ese día en el hospital y a la mañana siguiente pedimos el alta voluntaria y volvimos a casa siendo 4 ya en la familia.

Ahora me paro a pensar y me doy cuenta de la fuerza y el poder que tenemos las mujeres. Recuerdo que no sentí miedo en ningún momento, no dudé de mi capacidad, me invadía una tranquilidad y una calma que me sorprendían. Quizás sea porque lo único que necesitamos las mujeres realmente es creernos, de verdad, que somos capaces de gestar, parir, amamantar y criar a nuestros hijos; si conseguimos eso, lo demás va rodado.

La experiencia ha sido inolvidable, ha marcado un antes y un después en mi vida, ha curado muchas de mis heridas del alma y me ha redescubierto como mujer, me siento orgullosa de mi misma, siento calma, plenitud, fuerza, poder, paz... Estoy agradecida a la vida.

Sin embargo todo esto no hubiera sido posible sin Judith, quien no pudo tener el parto que merecía y que ha hecho posible que su hermana sí tuviese una oportunidad. Gracias hija mía!

Sin ti Santy, también hubiese sido todo más difícil, me has mostrado tu apoyo, tu comprensión, tu respeto y sobre todo tu sostén en todo momento. Gracias cariño.

Estaré también eternamente agradecida a todas las personas que nos acompañaron e hicieron posible que Ruth tuviese la mejor de las bienvenidas al mundo,

A Cristina, mi doula, por su sostén emocional, por transmitirme tanta confianza en mí misma, sin ella no hubiese sido posible.

A Nacho por estar ahí siempre que le necesitaba.

A las mujeres y amigas de Vía Láctea, que tanto me han apoyado, Amanda, Carmen... ¿qué haría sin vosotras? Os quiero.

A Pilar, mi matrona, por su trato tan humano y respetuoso.

Gracias, cómo no, a Michel Odent, por su sabiduría, que tanto ha removido mi alma, por enseñarnos que: ” Para cambiar el mundo, es preciso cambiar la manera de nacer”. Este es nuestro granito de arena para conseguirlo.

Y a la VIDA, por darme la oportunidad de reconciliarme con mi propio cuerpo y ofrecerme lo más valioso que tengo, mis hijas. GRACIAS

lunes, 11 de enero de 2010

El parto de Eli y su hijo Simón.

Me llamo Eli y me da un poco de vergüenza contaros el nacimiento de Simón pero fue un parto muy chulo en el Miguel Servet y, aunque es algo tan íntimo, se cuantos testimonios de partos se leen y se oyen antes de dar a luz. Esta es mi historia y empezó una noche a finales de verano...

Seguía trabajando en la semana 36 y fue precisamente en la oficina donde sentí por primera vez unos dolores de regla que no me dejaban pensar con claridad, nos fuimos para urgencias del Servet y allí empecé a manchar el salvaslip con un poco de sangre, después de un tacto y un test basal me confirmaron que estaba perdiendo el tapón mucoso, que estaba 2 cm dilatada y que NO tenia contracciones de parto, así que me fui para casa y me cogí la baja, con el convencimiento de que, aunque para la medicina yo no estaba de parto, el nacimiento de Simón ya había comenzado.

El 31 de agosto del 2009 por la noche (estando en la semana 37), mientras veía la TV, sentí un liquido resbalándome por las ingles y enseguida supe que estaba rompiendo aguas,Fede estaba a mi lado en el sofá y desde ese momento me siguió por toda la casa como una sombra inquieta y atenta, en el baño mientras me duchaba, en la habitación mientras me vestía, por el pasillo, la cocina...yo sentía una mezcla de nervios contenidos y alegría.

Fuimos en coche al Servet, era media noche, las urgencias de maternidad no estaban muy llenas pero nos hicieron esperar el rato suficiente como para que el líquido, que seguía manando poco a poco, rebosara la compresa y los pantalones, en el baño de la sala de espera comprobé el "zancocho" que llevaba y que el color del liquido era rosado y no olía a nada.

Me miraron y me hicieron un test basal, ahí estaban mis 2 cm y de contracciones de parto nada de nada, me dijeron que me ingresaban para controlar la rotura y provocar el parto en 24 horas si no comenzaba solo, en ese momento me vinieron a la mente todas las historias de partos hospitalarios infelices que había leído y le dije a la médico que me atendió que no quería ingresar, que me iba a mi casa y que volvía en un día si no había contracciones, ella me dijo que no me podían obligar a quedarme, que valorásemos la situación y decidiésemos.

Fede no se atrevía a volver a casa, me dijo que no tuviese miedo, que él se iba a quedar conmigo y que todo iba a salir muy bien...me convenció y ahora pienso que acertadamente.

Ingresé a la 01:40, no sentía absolutamente nada a excepción del pequeño manantial que seguía saliendo y saliendo, sin prisa pero sin pausa.

En la planta 6ª de la maternidad me dieron una habitación de dos para mi sola, pude observar, mirando sobre el escritorio del control de enfermeras, que había habitaciones ocupadas por una sola persona así que en nuestro fuero interno agradecimos que tuvieran el detalle de concedernos esa intimidad.

Como éramos novatos en cuanto a partos se refiere y no sabíamos qué iba a pasar decidimos que Fede se bajara al coche a por la bolsa en la que, por cierto, tenía preparadas unas magníficas compresas para pérdidas de orina que estaba necesitando ya urgentemente porque las del hospital eran un poco peores y traspasaban.

Vino a verme Pilar, la matrona de planta, y dijo que me dejaba a mi aire para que durmiese si quería pero que la avisase cuando las contracciones fuesen cada 5 minutos durante al menos una hora o si me empezaba a encontrar muy mal. De nuevo agradecida en mi fuero interno de que me dejasen tranquila, me sentía mejor así. Me tomé el antibiótico que me dejaron en la mesilla.

Ya sola y con la bata puesta me tumbé en la cama a leer, sabía que no iba a dormir porque estaba demasiado activa. No se cuánto tiempo había pasado cuando empecé a sentir la típica molestia de "me va a bajar la regla", como anteriormente la había tenido no me di ni cuenta de que la sensación pasó a dolor y poco a poco me fui desconectando de la lectura porque la cama se me empezaba a quedar pequeña.

Al principio no notaba ningún patrón regular, tan solo habían pasado 15 minutos desde el ingreso, el dolor era llevadero y me encontraba mejor deambulando por la habitación. Como no llevo reloj me preparé el móvil y un papel en la cama para ir apuntando cada cuantos minutos tenía contracciones.
A las 02:00 hice la primera anotación. No estaba segura de que fuese eso una contracción pero lo que tenía claro es que era un dolor soportable pero que durante unos segundos se intensificaba.

Volvió Fede, fui al baño a cambiarme la compresa y en el baño, sentada en la taza se presentó la primera, clarísimamente, una oleada de fuerza que comenzaba casi en la boca del estómago y bajaba hasta el pubis.

Le dije a Fede que apuntase el los minutos, porque empezaba a sentirme apurada, habían empezado muy rápido, las primeras las tuve cada 7-8 minutos...a la media hora eran cada 3 y súper intensas.

No me dió tiempo a nada, ni a pensar ni a asustarme, de repente mi cerebro humano desapareció y emergió el instinto de mamífera que va a dar a luz a su cría, desapareció mi cerebro y la habitación, y Fede sentado en la cama a mi lado y el hospital y las emociones y el futuro, todo era un vacío en el que estaba yo, pariendo, ni siquiera pensaba en que el bebé que venía era mi hijo.

Para sobrellevar el dolor respiraba nariz-nariz aunque esa respiración dejó paso a un resuello porque no me daba a tiempo a reponerme entre una y otra, me apoyaba en la cama y me agachaba como si quisiera tocar el suelo con el culo mientras balanceaba la pelvis, le pedí a Fede que ni me tocase ni me hablase, apenas podía hablar y la voz que me salió fue de lo mas gutural. Resollaba, me balanceaba, gruñía, clavaba los dedos en la cama, me agachaba más y más, temblaba, sudaba...Fede dice que parecía una hechicera africana haciendo algún tipo de danza ritual.

También corría al baño cada vez que se pasaba la contracción porque mi intestino se estaba vaciando y porque seguía saliendo liquido, me daban las contracciones sentada en la taza...así que me retorcía hasta casi perder el sentido a la vez que hacía caca, a la vez que expulsaba liquido y a la vez que hacía pis, a todo esto mi bata de hospital estaba empapada de sudor, me caían las gotas por el cuello y la nuca.

Llamamos a Pilar, que vino enseguida, me hizo un tacto, 3 cm, "¡soloooo!", me dijo que si quería la epidural me pasaban a dilatación y me la ponían, yo no había presentado plan de parto (ni sabía que era eso) pero quería usar la anestesia como ultimísimo recurso, no se lo había confesado a nadie pero pensaba que era una deslealtad por mi parte hacia mi hijo el librarme del dolor y dejarle a el todo el trabajo, o todos o ninguno.

Volvimos a quedarnos solos y el dolor fue a tope, me parecía mentira que doliese tanto y que siguiese viva después de cada contracción, intenté tumbarme en la cama a cuatro patas pero fue peor, definitivamente mi postura era en cuclillas, con las piernas separadas lo máximo que podía y contoneando la pelvis.

Eran casi las 03:00 y no podía soportarlo más, decidí seguir adelante con epidural, llamamos a Pilar, vino, me miró, en menos de 10 minutos había pasado a 6 cm, me dijo que tenía al bebé muy bien colocado, le pregunté que qué significaba eso y me contestó que eso, que el niño estaba empujando muy bien.

Dejamos la habitación, yo retorciéndome en la cama, Fede me acariciaba el pelo. Durante el camino a dilatación me vinieron contracciones muy fuertes, creo que era por tener que pasarlas tumbada aunque me ponía de lado, las luces de los pasillos me resultaban muy intensas, los sonidos los oía lejanos, a veces me costaba entender las palabras que Fede me decía, sencillamente no estaba en el mundo real, navegaba por el dolor y las sensaciones corporales a merced de las hormonas que mi cuerpo debía estar segregando.

Antes de llegar a la sala de dilatación me entraron unas ganas terribles de hacer caca con las contracciones, "que sea lo que Dios quiera"-pensé-"además estos estarán acostumbrados a todo", así que hice fuerzas pero de mi ya no salia nada (había ido unas 6 o 7 veces en la habitación. Después del parto comprendí que mi cuerpo había empezado con los pujos él solo en ese instante en un ascensor)

En la sala de dilatación pude ir al baño una vez más, no hacía nada pero sentía una necesidad enorme de abandonarme a las ganas de hacer fuerza.
Apareció Eva, la matrona de guardia, una chica joven y sonriente, a Fede lo dejaron fuera mientras me ponían la monitorización externa, también vino una auxiliar súper seria y aunque suene extraño me dolió que no me dedicase ni una sonrisa, estaba hipersensible. La auxiliar seria me dijo que me tenían que tomar las huellas, que no me moviese, la cogí de la mano casi suplicando clemencia porque me costaba estar quieta y para mi sorpresa me devolvió el apretón, me sonrió fugazmente y me dijo que no me preocupase que se esperaba a que se pasase el dolor, al cabo de unos segundos me tomó las huellas y Eva me puso una vía, le pregunté que que me ponía y me dijo que solo era suero, le pregunté si me iban a poner oxitocina y me dijo que si no hacia falta no.

Nos quedamos solas, le pedí la epidural pero ella me dijo que hasta que trajeran los papeles me examinaba...me miró y me preguntó si no tenía ganas de empujar, le dije que no sabía si eran ganas de empujar pero que las contracciones me daban ganas de ir al baño, me dijo que empujara un poco y lo hice, pero me sentía desfallecer de cansancio.

Trajeron los papeles de la epidural, los tenia que leer y firmar, me puse el folio ante los ojos y ¡no entendía las palabras!, claro, si mi cerebro racional me había abandonado ¿como iba a leer y mucho menos escribir?...le dije a Eva que lo firmara ella por mi, que yo decía amén a todo, se echó a reír y me dijo que no podía hacer eso así que lancé el folio a algún sitio y resolví firmarlo entre contracciones.

Llamaron a Fede, que entró vestido de verde cirujano, con una especie de pantuflas de tela fina para cubrir los pies, a mi me entró la risa y me alegré tanto de verle...se puso a mi lado en la cama, Eva le dijo que se encargara de pasarme gasas de agua por la frente para refrescarme, mientras yo hacía auténticos esfuerzos por los pujos.

Para mi esta fue la parte más dura del parto, estaba cansada, llevaba mas de 24 horas sin dormir, apenas podía hacer fuerza durante 3 segundos, me resultaba increíble estar en esa fase, ¡me había concienciado para una dilatación larga de primeriza y ya estaba en el expulsivo tan solo una hora y media después de haber ingresado!

Eva me dijo que adoptase la postura que más me gustase, me puse de lado y ella me sugirió que yo misma me sujetase una pierna, a esas alturas Fede no lo pudo resistir y se estiró para ver, la matrona le dijo que mirase pero que no dejase de pasarme las gasas por la frente, de pronto me acordé de la epidural y la volví a pedir...pero Eva me dijo que ya no daba tiempo a ponérmela, en mi interior me sentí aliviada de no tener ya esa opción, así lo había deseado desde que supe que estaba embarazada y así iba a ser.

Estábamos los tres en una salita pequeña, aunque la luz era "fea" sentía un ambiente muy cálido e íntimo, Eva me daba ánimos y Fede también, cada vez empujaba mejor, me sentía más capaz de concentrar la fuerza y sobre todo me animaba mucho que Eva me dijese que mis esfuerzos estaban surtiendo efecto porque la cabecita de Simón cada vez iba ganando más terreno por el canal del parto, en un momento dado la matrona llamo a Fede a su lado y le dijo que cogiese una bandeja metálica y que me la pusiese a modo de espejo para que viese por mi misma la cabeza a punto de coronar, la pura verdad es que no distinguí nada y tampoco me esforcé mucho en enfocar, Fede estaba exultante, me retransmitía lo que él veía.

Debía ser impresionante ver como la cabeza de nuestro hijo salía con cada contracción y se volvía a meter hacia adentro, en ningún momento la matrona me tocó la barriga ni me presionó el abdomen, respetó el tiempo de mi hijo avanzando y retrocediendo.

Me cogió la mano y la llevo a mi entrepierna, "esto que estás tocando es el pelo de tu hijo, ya está aquí", ¡que cosa tan rara tocar un cráneo duro en un sitio tan blandito!

Aún puje un par de veces más y de pronto Eva me dijo que nos íbamos al paritorio porque la cabeza de Simón había coronado y ya no retrocedía, en un segundo entraron las auxiliares, me quitaron las cintas del monitor, me taparon y me llevaron a una sala al fondo del pasillo: EL PARITORIO

Esperaba encontrarme con un quirófano lleno de focos, en el que tendría frío y me quedaría cegada por una intensa luz...imaginaos mi felicidad cuando entramos en una sala amplia, iluminada tan solo por una lámpara de quirófano que enfocaba solamente la zona de trabajo de la matrona y otra lámpara que iluminaba la mesa de revisiones con una luz cálida.

Pasé por mi propio pie a la silla de parir, me pusieron las piernas en cabestrillo, la espalda semiincorporada y me llevaron las manos a unos asideros.

Vale, quizá no es la postura que yo hubiese elegido pero me sentí cómoda.
Eva apareció vestida con mascarilla y gorro, "tranquilos, soy yo disfrazada", esta vez Fede si que se quedó a mi lado, bien quieto, a mi otro lado había otra mujer que no se si era otra matrona o una auxiliar, Eva se concentró más y estaba más callada y la chica que tenía a mi lado era la que me guiaba en las respiraciones.

No sé si empujé muchas más veces, llegamos a un punto en el que Eva me pidió que no dejase de hacer fuerza, que iba a salir ya la cabeza.

Lo siguiente pasó a toda velocidad, apreté mis dientes, y sentí un ardor brutal en los genitales, parecía que estaba en medio de un fuego, ahí si que lloré mientras gritaba "¡¡cómo dueleeeeee!!", tanto Eva como la chica de mi lado me daban ánimos, a ellas se las notaba más excitadas, creo que para las matronas y profesionales que atienden partos y aman su trabajo este momento también está cargado de emoción. De pronto, ambas me indicaron que soplase; soplé, aún espantada por lo que estaba sintiendo en mi cuerpo, así que más que soplar parecía una locomotora a vapor saliendo de una estación.

De pronto la chica de mi lado me indicó que me incorporase un poco a la vez que Eva decía "¡cógelo!"...y lo cogí.

¡Mi pequeñín gris y pegajoso recién salido de su pequeño mundo al que nunca más volvería!, me lo puse muy cerquita de la cara, abrazándolo, Fede también pegó su cara a las nuestras, ¡Simón era precioso! salió guapísimo, sin los ojos hinchados, con la carita redonda, al principio no lloraba pero se movía como una culebrilla, luego empezó a chillar y eso fue música para mis oídos:mi hijo estaba bien vivo y se le veía capaz de iniciar su vida extrauterina.

La chica que me había asistido las respiraciones se puso con nosotros, Fede le dijo que Simón olía muy bien y ella nos contó que le parecía que los niños cuando salen huelen a galletas. Eran las 4:40 del 01 de septiembre de 2009.

Cortaron el cordón, no se si aún latía, no me di cuenta, nos sorprendió lo tendinoso que era. Yo empecé a sentir contracciones de nuevo (o a lo mejor no las había dejado de tener pero no me enteré), le dije a Fede que cogiese al pequeño "que esto aún no ha terminado", Eva sujetaba la parte del cordón unida a la placenta. Las contracciones eran menos dolorosas y no recuerdo mucho, solo que en un momentito salió la placenta, que la sentí bajar y que expulsarla me causó el mayor alivio jamás imaginado.

Le pidieron permiso a Fede para examinar al niño en una mesa (totalmente verídico, le dijeron "¿nos lo dejas un momentito que ahora te lo devolvemos?") a nuestro lado en esa misma sala, ¡como berreaba Simón!, recuerdo que le canturreaban y le decían "tranquilo pequeño que ahora irás con mamá", Fede estuvo con ellas todo el rato del examen, Eva me avisó de que iba a notar dos pinchacitos de anestesia local porque me había desgarrado un poco, fueron dos puntos en la vagina y otros dos por fuera.

Cuando acabó nos enseñó la placenta y nos explicó cual era la cara del niño y cual la de la madre, vimos la bolsa con el agujero por el que había salido Simón y, con cierta melancolía, me despedí de nuestra placenta en silencio, dándole las gracias por habernos acompañado en nuestra aventura a mi hijo y a mi.

No se cuanto tiempo había pasado desde el nacimiento, no más de media hora quizá, me pusieron a Simón al lado y me indicaron como debía darle el pecho, se enganchó a la primera.

Me entraron unos temblores bestiales, casi convulsivos, pero me dijeron que era normal después del esfuerzo. Antes de salir al despertar bajó Pilar de la planta 6 a darme la enhorabuena, yo alcancé a darles a todas las gracias, "es nuestro trabajo", "pues lo hacéis muy bien".

Simón siguió mamando toda la hora siguiente, en la sala del despertar estábamos solos, recuerdo una mujer sentada en una mesa en el centro leyendo bajo un flexo, recuerdo la brisa del amanecer de un día que iba a ser caluroso entrando por una ventana abierta, recuerdo el inmenso alivio que sentía, la paz, la ligereza de mi cuerpo, la felicidad de tener a mi pequeño...cuando me
llevaron a la habitación se quedó dormido y yo me levanté, cuando vinieron por la mañana a verme ya había hecho pis y caca (¡si, otra vez!) y me pude duchar, la verdad es que me encontraba muy bien, lo único malo fue que no podía dormir así que me pegué 36 horas seguidas despierta...pero eso es otra historia, mi niño había nacido y lo habíamos hecho muy bien, me sentí muy orgullosa.

Simón tiene 4 meses, es gordito, precioso y risueño, algunas veces le digo que me encantó parirle y que tendrá teta siempre que quiera.


Me ha salido un mail muy largo pero es que no quería dejarme nada en el tintero, no tengo ninguna queja del trato que recibí y de como parí, pero si que he de hacer una reflexión y es que no puedo evitar pensar que ese día me tocó la lotería y la lotería es azar, si voy a parir a un hospital no quiero tener suerte de encontrarme con un equipo que me respete, quiero tener certeza, y hoy por hoy no la tengo, ¿con quien me encontraré la próxima vez?, si me hubiese encontrado con profesionales de la "vieja escuela" ¿habría sido igual?, ¿en todos los turnos y en todos los equipos la gente es como Eva, Pilar, la chica de mi lado en el paritorio, etc? Sencillamente, no lo se y eso hace que, pese a lo agradecida que estoy al equipo que me acompañó, me plantee seriamente como parir la próxima vez.

jueves, 3 de diciembre de 2009

El parto de Marta y su hija Vanessa

¿Y MI PROXIMO PARTO PODRÁ SER VAGINAL?

Esta fue la primera pregunta que hice cuando me dijeron que finalmente me iban a hacer una cesárea (a la vez que lloraba como una macarena, por supuesto)

Desde el primer momento me culpé, y continúo haciéndolo, de no haber tenido un parto más natural, más tranquilo, más satisfactorio, o no se muy bien como llamarlo, en cualquier caso, todo lo opuesto a lo que finalmente fue.

Mi único consuelo ha sido que el resultado final, el amor de mi vida, que es mi niña, llegó al mundo sana y salva “a pesar” de todo lo que nos rodeaba.

Desde mucho antes de estar embarazada estaba convencida de que NUNCA me pondría la epidural, de que los contras superaban a los pros con creces, de que siempre se había parido sin ella y las mujeres continuaban pariendo y el mundo no se había acabado. Contaba con el dolor que siempre se supone a un parto (luego ha llegado a mi mucha información de todo lo contrario, para mi sorpresa), pero quería ser plenamente consciente y partícipe de la venida al mundo de alguien tan importante, quería que nos sintiésemos unidas la una a la otra cada segundo, pero…. No siempre las cosas son como uno las desea o imagina…

Tras mucho meditar he llegado a la conclusión de que no tener al papá de Vanesa junto a mí fue un factor determinante para no pensar ni un segundo si me ponía la epidural o no cuando me lo preguntaron por primera vez. El me había dicho tantas veces que no quería que sufriera, que le preocupaba que me pasase algo, que al no tenerlo a mi lado pensé, y si luego ocurre algo... se sentirá culpable de no haber estado a mi lado... También el ambiente que te rodea, cuando te dejas llevar por el, hace poco a tu favor… y tener a mi madre conmigo (una madre no quiere que sus hijos sientan dolor NUNCA, ya lo sabéis) tampoco me ayudó a tomar la decisión que ahora creo que hubiese sido la correcta.

Todo empezó mal, cuando en mi semana 41 acudí a maternidad a un control rutinario y a una doctora joven que ha me había atendido en alguna ocasión, cuya cara no olvidaré en mi vida, se le ocurrió la brillante idea de, sin preguntar y como si fuese alguien para decidir sobre nuestras vidas, hacerme la maniobra de Hamilton. Aquello dolió muchísimo, como la cantidad de tactos posteriores e innecesarios que se empeñan en seguir practicando. Todavía me arrepiento de no haberle dicho nada, porque en el momento que me lo hizo y dijo: “es posible que en unas horas tengas contracciones” yo ya era consciente de lo que había hecho, gracias a la preparación que nos procuró la matrona del centro de salud.

Unas horas después expulsé el tapón mucoso y al ratito empecé a notar contracciones. Acudí al hospital tras unas 8-10 horas de espera, procurando que fuesen cada 3 minutos, para no sentir que me apresuraba demasiado y evitar que interviniesen desde el principio en el nacimiento de mi nena (aunque ya era un poco tarde, habíamos empezado regular..). De hecho, algo anotarían en mi historia, ya que en el libro del embarazo pone que el parto fue inducido.

Desde que llegué a urgencias sentí todo muy frío a mí alrededor, aunque en ese momento estaba muy concentrada en respirar e intentar controlar el dolor lo mejor posible. En todo momento mi madre, mis hermanos y más tarde mi padre estuvieron a mi lado, y eso hizo que me sintiese más tranquila y arropada. Aunque en mi mente sólo había dos personas, la que venía de camino y su papá, que sabía que yo ya estaba de parto y seguro, seguro que el estaba allí lejos, solito y preocupado por “sus niñas”. Todavía no me ha contado como pasó esas horas, pero se que estuvo despierto el día entero que tardó Vanessa en decidirse a salir con nosotros.

Enseguida me subieron a una habitación porque después de un montón de horas (se que no son tantas... pero para mi…) solo había dilatado 3 centímetros y allí estuve un ratito (creo que fueron un par de horas). Durante mi “estancia” en planta, tuve que ir a que me hiciesen un reconocimiento, a ver como avanzaba y llegué con contracciones frecuentes y respirando como me habían enseñado y el médico me pregunto: “¿Quién te ha enseñado a respirar así?”, en un tono que me pareció de medio burla; esto después de que le enfermera, auxiliar o quien quiera que fuese que me “llevó” de la habitación a la sala donde estaba el médico, pusiese mala cara cuando me paré por el pasillo y le dije, “espere un momento” en plena contracción (sin comentarios, para que…)

Como en cuanto me preguntaron si quería epidural dije que si, me bajaron enseguida a paritorios. Al ratillo de estar allí y tras el reconocimiento correspondiente de la matrona y la obstetra vino la anestesista que me administró la epidural (Dios mío, que decisión más nefasta, aunque ella diría que no tuvo nada que ver). Lo único positivo que tengo que decir fue que la matrona fue estupenda conmigo, estoy convencida de que si le hubiese enseñado mi plan de parto (que tan bien guardadito se quedó en mi bolso), ella hubiese estado a mi lado. Era joven, se llama Paula, y es la única de todas las personas que pasaban por allí que me hizo sentir bien y que se disculpaba cada vez que tenía que “invadir” mi espacio.

Vamos a ver, una vez puesta la epidural, empezamos:

1. Rotura de bolsa

2. Gotero de oxitocina (o viceversa, no recuerdo) (De nuevo ahí estaba Paulita que se molestaba en explicarme todo aquello que iba a hacer, la oxitocina no, me refiero a la bolsa, no deben estimar que seamos lo suficientemente inteligentes como para saber o querer saber lo que nos están metiendo en las venas). La monitorización ni la nombro porque eso estuvo conmigo desde el primer momento.

3. Aparatito en el dedo para controlar el pulso y aparatito en el brazo para ir tomando la tensión.

4. pinchacito en el dedo para ver el azúcar: oh, sorpresa, tienes el azúcar muy alto (no conseguí pasar el test de sullivan, o como se llame, por dos veces y me dieron por imposible, así que simplemente tenía mucho cuidado con el azúcar, pero nada más). El tema del azúcar supuso que durante todo el proceso de mi parto, cada hora vienese la pobre Paula, con cara de penita a decirme… “te tengo que pinchar otra vez, lo siento, a ver que dedo eliges esta vez???”.

5. Vaya, estoy notando que se me ha dormido muucho un lado del cuerpo, incluida la cara (¿esto no será por la epidural?? Noooooo, mira que estás loca...) y el otro lado de mi cuerpo está medio despierto, vaya que puedo avisar antes que el monitor, de cuando vienen las contracciones.

6. cada horita más o menos viene la amable obstetra (más joven que yo y a la que tiene que guiar la matrona durante los tactos, para que sepa cual es la dilatación y donde está la cabecita de mi nena… uffff) a revisar como va todo.

7. y ya se me olvidaba, mueven mi tripota hacia un lado y hacia otro porque mi peke que se había comportado como un futbolista de primera durante todo mi embarazo, había dedicido relajarse y esto no podía ser, ¡¡Tienes que salir ya de ahí!!! (eso tampoco tiene nada que ver con la epidural, por supuesto, como había osado siquiera a pensarlo….)

8. voy dilatando y llega el momento en que deciden que no me suministran más anestesia porque llega la hora de empujar, así que mi lado “despierto” se despierta más y más y el otro se va desperezando. Pero pese a mis esfuerzos y a que mi amiga Paula me anima a ponerme de lado y no tumbada, la cabezota de Vanessa se resiste a asomarse (si esque se ha saltado las normas desde el primer momento, rebelde que es una, le gusta tomar las decisiones desde antes de nacer, que orgullosa estoy).

9. Claro, esto se esta alargando demasiado, vamos a llevar a Marta al paritorio para hacer una prueba de PH a la peque, y comprobar que está todo bien. Todo bien, volvemos al paritorio (¡¡que suerte hoy no toca compartirlo!!).

10. como mi nena estaba ya tan abajo no la oían bien con la monitorización externa, vamos a ponerle monitorización interna (¿¿pensáis poner eso en la cabecita de mi nena??? Bueno, ella sabrá perdonarme, con tanta gente alrededor opinando yo ya no se con quien discutirlo….)

11. venga, vamos a empujar otro poquito, uff que dolor, mi pobre mamá sufre al verme, pregunto que hago mal, porque mi nena no hace mención de salir, y me dicen, ánimo que lo haces bien, otro empujón, uno viene, mira, mete la mano e intenta estirar de mi amorcito, mientras yo empujo, otro aprieta mi barriga, pero ella, don erre que erre, “!!que yo aquí estoy muy bien, porque no os enteráis???!!!”. Estoy completamente dilatada, pero yo creo que la han movido tanto y su mamá está tan cansada de tanto apretón y tanta gente alrededor opinando….

12. Bueno, te vamos a hacer una cesárea.

Se me cayó el mundo encima cuando oí, esa frase. ¿Una cesárea? Pero que clase de mujer soy, que no sabe ni parir a su propia hija? Una cobarde que no ha sabido negarse a la epidural, con lo mala que es, y encima una floja que no es capaz de empujar como Dios manda para que su niña venga al mundo…. Sólo recuerdo muchas lágrimas, y ellos me decían, no te preocupes, esto se hace todos los días, no corres ningún peligro (¿Y mi niña que?? Me vais a separar de ella en cuanto vea fugazmente su cara, lo se) Pero ignoraban que no era eso lo que me preocupaba, no era miedo lo que sentía sino una gran decepción conmigo misma. Alguna auxiliar que estaba a mi lado me escuchaba y llegué a ver la comprensión en su cara, incluso algún ánimo, no te preocupes, creo que llegué a escuchar que me consoló un poquito.. (Y aquí más o menos es donde tuvo lugar mi pregunta estrella. ¿Y si me hacen una cesárea, tengo probabilidades de que mi próximo parto sea vaginal?? En fin, una que es así… creo que se quedaron un poco alucinados, mi madre incluida…)

Salí del paritorio, camino del quirófano llorando inconsolablemente, y todos me decían, no te preocupes, que no pasa nada…. En fin, no iba a esperar que me comprendiesen.

Noté un montón de tirones muy fuertes, aunque con la súper dosis de anestesia que me pusieron sólo sentía el tirón, nada de dolor y ya deseaba ver a mi nena, por fin, sana y salva. Sólo quería abrazarla y pedirle perdón por todo lo que había tenido que pasar…

Finalmente salió, me dijeron, esta es tu niña, me la enseñaron fugazmente y se la llevaron. Luego mi familia me contó que se la llevaron a ponerle oxígeno urgentemente, porque ya iba justita… Pero todo fue bien, nació sana y fuerte. Después del oxígeno, el test de APGAR, y todo lo que supongo… me la trajeron, tan bonita envuelta como para regalo, con su cabecita redonda, tan pequeña e indefensa…. La adoré desde el primer segundo en que la vi, fue un flechazo instantáneo (ahora se que es una suerte, que no en todos los partos, sobre todo por cesárea ocurre esto...). No la pude coger, tenía los brazos atados y se la volvieron a llevar, me pusieron otro “chute” y me quedé medio dormida, mientras terminaban, me cambiaban a una cama y me llevaban a una sala, en la que pasé más de una hora y media, porque además tuve la "suerte" de coincidir con el cambio de turno y tuve que pasar tres cuartos de hora extra en esa bonita sala, sin mi nena, a la que imaginaba solita en una cuna, desamparada, sin nadie que le diese la bienvenida al mundo….

Al momentito de estar en mi habitación llegó ella, medio dormidita, preciosa y frágil, y la pusieron a mi lado. Ella enseguida buscó el pecho y yo se lo ofrecí, no hizo falta que nadie nos dijese nada, aunque para eso había un “estupendo personal” muy dispuesto a inmiscuirse y el cual es otro capítulo aparte, que no me voy a molestar en escribir.

Desde entonces y a pesar de TODO y de TODOS, somos felices juntas, ella es mi gran amor y quien me da fuerza cada día y quien me ha hecho superar todo lo malo y quedarme sólo con lo bueno que es ella y su amor.

viernes, 20 de febrero de 2009

He parido como una mamifera (Parto en Alcañiz)

Estábamos llegando a la semana 42 y llevaba de 2/3 cm. y cuello medio borrado desde la semana 38, y de ahí no avanzaba.
Desesperada lo había probado todo.
- Sexo: al pobre lo tenía ya exprimido, cada día sesión rapidita porque tampoco hace falta amor…solo prostaglandinas y al menos un orgasmo para procurarme una buena contracción.
- Subir y bajar escaleras: vivo en una casa de 3 plantas, las subo y bajo quiera o no.
- Baños calientes: con o sin Candela me bañaba cada día en agua caliente (a veces creo que se podían pelar hasta pollos).
- Hojas de frambueso: me hice un litro de té el día antes del parto….si, un litro y me lo bebí de una sentada.
- Zumo de naranja: una forera me lo dijo, y también lo probé (de perdidos al río).
- La pelota: me pasaba el día sentada en la pelota dando botes y giros de cadera.
- Reiki: una amiga me hacia a distancia para preparar al niño que parecía que no quería salir.
- Puntos de acupuntura: me aconsejaron apretar en varios puntos (en mano y tobillo).

Como no funcionaba nada me planté en 41+3 desesperada porque me obligaban a inducir de 41+5, un miércoles. Tanto en el hospital Miguel Servet donde me llevaban el embarazo por alto riesgo tanto en Alcañiz donde envié mi plan de parto para parir allí.
Agobiada por la inducción me propusieron tomar aceite de ricino…pero era un poco bestia la diarrea y pasaba de estar de parto cagándome la pata abajo. Pero como la cosa no avanzaba le pedí las medidas a Inma Marcos (matrona de Barcelona que atiende partos en casa), me dijo que si lo tomaba sobre las 6 de la tarde en 3 o 4 horas tenia que empezar la diarrea y luego el parto.
El martes al ver que seguía fresca como una lechuga me convencí de que hoy nacería Urbez, por las buenas o por las malas. Comí y a las 6 de la tarde me tomé el ricino con zumo de naranja…..puag! Muy asqueroso, por cierto.

Pasé la tarde preparando mi “equipaje” y dejando ropa preparada para Candela que se quedaba en casa con mi suegra. Llegó Mariano de trabajar sobre las 8 y me preguntó que tal iba la cosa….le dije que ni rastro de diarrea, que seguía con contracciones regulares como cada día…..pero que no llevaba la cuenta.

Cenamos tranquilamente y ya notaba que desde las 9 las contracciones eran seguidas (luego me percaté de que eran cada 5 minutos). Le dije que se subiera a dormir, que yo me daría un baño y lo avisaría para ir al hospital si la cosa avanzaba….eran las 11 de la noche.
Me miró y siguió viendo la tv ignorando lo que había dicho. Por lo visto me veía ya de parto. Mi suegra estaba nerviosa perdida porque veía también el parto inminente. Yo era la única que seguía esperando mi diarrea. Fui a cagar….pero normal, como siempre. Y llegué a pensar que las contracciones eran retortijones….de vez en cuando iba al wc a cagar….pero nada, contracciones nada mas. ¿Y mi diarrea para ponerme de parto? Jajaja, pero si ya estaba de parto!!!!

Sobre las 12 estuve hablando por teléfono con una amiga, ella apurada que me fuera al hospital ya porque mientras hablaba tenía que contener las contracciones, y le dije que tranquila….ahora me llenaré la bañera y si veo que la cosa sigue entonces iremos al hospital. Y ella diciendo: por favor, cuelga ya y veteeee!!!!

Abrí el grifo, me desnudé y me metí mientras se llenaba la bañera. Mi suegra estaba poniendo el pijama ya a Candela para acostarse las dos juntas. Mariano entró al ratito y me vio…..en una contracción me eché mano y metí los dedos en mi vagina, salió moco y se lo enseñé a Mariano que me miró y dijo flipado: qué es eso?
Y le dije riéndome: creo que estoy de parto, jajaja!!

Se fue del baño y se subió al de arriba a afeitarse y cambiarse, y que me diera prisa en salir que nos íbamos al hospital ya.

Si, hombre….tan pronto nos vamos a ir….con lo bien que se pasan las contracciones en el agua calentita. Que por cierto, como llevaba cerca de una hora metida tuve que vaciar parte y rellenar con mas agua caliente. Espero que el medio ambiente me lo sepa perdonar.
Y entonces por fin me vienen las ganas de cagar….me salgo chorreando de la bañera y me siento en el wc…y si, hice pis y cagué algo mas liquidillo ¡por fin mi diarrea esta aquí! ….pero entonces sale un chorro disparado de mi vagina ¡ups, he roto aguas!....Oh, dios mío….¿he roto aguas? Estoy de partoooooo!!!!!! Miro el reloj y es la 1:14. Me levanto para ver las aguas y son claras, ni rastro de sangre ni meconio.
Acababa de enviar un mensaje con el móvil a una amiga, a otra, y a mi cuñada para decirles que en un rato nos iríamos al hospital. Tengo que volver a mandar otro sms para decir que si, que he roto aguas y que oficialmente estoy de parto.

Me vuelvo a la bañera pero no me sumerjo, solo me ducho. Y otra vez ganas de cagar. Vuelvo a salir, meo de nuevo, cago de nuevo….y otro chorro a presión de líquido amniótico. Y pienso: mira, por lo menos esta vez he sido más limpia y no lo estoy echando en la cama.
En esos pensamientos oigo a Candela protestando desde la cama de la abuela, como me oye quejarme de las contracciones y oye jaleo todavía no se quiere dormir.
Baja Mariano y me dice que venga, que salga ya de la ducha….le digo que he roto aguas, y aún me mete mas prisa. Lo mando a por la ropa que había dejado arriba. De nuevo lo vuelvo a mandar a por las deportivas que había olvidado. Me dice que qué tiene que meter en el coche, me dice que la pelota no hará falta….
Y yo entre contracción y contracción pensando que duelen poco y que podría aguantar más rato en casa….por lo visto lo he dicho en voz alta porque me contesta: no quiero un parto en el coche, así que aligera!!!
Pero me cuesta vestirme entre contracción y contracción, duelen y apenas me dejan ponerme el sujetador….contracción…las bragas….contracción…..la camiseta….contracción…..madre mía que no llego al hospital….contracción….

Me monto en el coche y miro el reloj, las 2:07, le pido a Mariano que ponga el cd que le doy. Son unas canciones que me grabó una amiga, todas relacionadas con el embarazo, el parto y la crianza…me relaja y me parece precioso y un momento ideal para oírlo de nuevo. Para sorpresa de Mariano voy cantando superanimada las canciones, y aprovecho las contracciones para gritar cantando. Voy mirando la carretera y el reloj, y las contracciones son cada 3 minutos ahora. Con cada contracción me agarro al coche desesperada y grito cantando…pienso que no llego ni de coña al hospital a este paso, que los baches son horribles para estar de parto y que si el niño asoma la cabeza y choca con los pantalones pobrecico.
Mariano me pregunta en medio de una contracción: qué te pasa?
Y le miro con los ojos desorbitados y gritando: qué coño quieres que me pase? Ufff que tengo contracciones y duele joder!!! Ufff
Me dice que no hace falta que me ponga así….joder, y qué preguntas entonces? Es que no ves lo que pasa????

Ya llegamos a la entrada de Alcañiz, y en lugar de ir mas rápido con el coche va mas lento porque llevamos a la Guardia civil delante….leches, diles que tu mujer va de parto y que o corres o tienen que atender el parto en el arcen!!! Pero no, dice que no quiere montar espectáculo y que irá al paso que tenga que ir…..me cawentooooo!!!!! El espectáculo lo voy a montar yo aquí dentro como no aceleres huevón!!! (por cierto, todavía cuenta esto muy ofendido a sus amigos cuando cuenta el parto).

Por fin el hospital, intento bajarme del coche pero me pilla una contracción una pierna dentro y otra fuera, y el celador sujetándome un brazo diciendo que tranquila, que a mi ritmo….si, si, mi ritmo llevo no te preocupes! Ya pasa la contracción y bajo del coche, le doy los papeles a Mariano y se va a aparcar. El celador me pregunta mi nombre, las semanas…..contracción y paramos, me dice que hace una hora llego una igual que yo y ya ha parido, una mujer espera en la puerta con silla de ruedas. Le digo que prefiero ir caminando para pasar las contracciones, y me mira raro pero se va con la silla. Así que avanzo con el celador, le pregunto su nombre (ya no lo recuerdo) y me voy parando por el camino para pasar las contracciones haciendo giros de cadera….subimos en un ascensor…cuando se abre la puerta otra contracción y sujeta la puerta esperando que pase mi contracción. He de decir que muy amable y agradable….salen a la puerta unas mujeres al oír mis gritos, la matrona y la auxiliar. Si, yo de parto grito, al contrario de lo que dicen mi suegra y cuñada, que dicen que para parir no hace falta gritar. Pues será para ellas, porque yo lo necesito, me sale solo el grito en cada contracción.
La matrona me pregunta mi nombre, tiene mi plan de parto allí y se lo había leído ya. Me pregunta las semanas, 41+5, mañana me lo provocaban. Pues no va a hacer falta, no. Me dice que tiene que mirar a ver de cuánto estoy dilatada y que luego pasaremos a la sala de dilatación… 7cm!! Yo alucinada y encantada con mis cm., ayer estaba de 2 cm. Todo esto haciendo pausas para que yo pasara mis contracciones como mejor me encontraba.
Me pasa a la habitación de enfrente, una habitación con una cama y un baño. Me dice que le gustaría oír el corazón del niño unos minutos con las correas….pero paso las contracciones en cuclillas, así que después de varias contracciones dice que no importa y manda a la auxiliar a por un doppler manual. También dice que quiere cogerme una vía cerrada por si acaso hace falta para algo. Pero al final decide que la cosa va tan bien que no hace falta y no quiere molestarme entre las contracciones con esa tontería (palabras de ella). Ahí me doy cuenta que puede ser que tenga suerte con la matrona que me ha tocado, veo la luz.
Con cada contracción siento dolor, muuuucho dolor. Pero a la vez estoy contenta porque estoy sintiendo ese dolor. Es contradictorio, pero a la vez muy satisfactoria la sensación. Estoy deseando sentir el famoso aro de fuego, porque la vez anterior me lo perdí….bueno, me perdí todo lo emocionante. Todo lo doloroso. Todo lo que te hace sentir de parto. Todo lo que te recuerda que eres una mamífera.
La matrona escucha el corazón de Urbez, todo va bien. Me hace algún tacto más y me dice que todo va bien. Solo oigo palabras cariñosas por su boca. Todo va a ir bien. Eres muy valiente, lo estas haciendo genial. Sigue así, pronto tendremos a tu niño aquí. Va genial, lo estas haciendo estupendamente. Eres muy fuerte, sigue así….
Ni un solo reproche por los gritos que salían de mi garganta. Ni una sola queja por mis continuos cambios de postura para pasar las contracciones.
Le dice a la auxiliar que me traiga la silla de partos, yo abro los ojos como platos ¿tenéis silla de partos? Si, por favor!!!
Paso las contracciones mas cómoda sentada ahí, Mariano detrás sentado en el sofá me sujeta y yo me agarro a sus piernas y me dejo caer sobre él en algunas ocasiones porque pierdo el sentido entre una contracción y otra.
La matrona me hace masajes en los riñones, y Mariano le pregunta cómo hacerlos él. Pero es bastante más fuerte que la matrona y no controla su fuerza, así que le grito bastante desagradable que por favor no lo haga él. Luego le pedí perdón, pero cuando ya había parido y volvía a ser una persona normal.
Se limita a decirme lo bien que lo hago, y mantenerse cerca de mi. Lo suficiente.

La auxiliar me pone paños de agua fríos en la frente y me los pasa por la cara, me deja que los chupe…otro encanto de mujer en mi parto. No podía haber tenido más suerte. Trae también el balón, pero no me siento con ganas de botar, llevaba todo el día sentada en el mío en casa. Me gusta la silla. Se van y me dicen que si necesito algo que avise, que me dejan un rato de intimidad. Genial. Pero a los dos minutos vuelven al oír uno de mis gritos, no hizo falta avisar de que llegaba un cambio.
La matrona me hace otro tacto, ya estoy en completa. Todo pasa muy lento y a la vez muy deprisa. Hay momentos en los que pienso: “quién cojones me mandaría a mi a ser una hippie de las del parto natural?”, “En mi primer parto solo tuve que esperar”, “no puedo mas, quiero que se acabe ya”…..si puedes, dice la matrona. Eso lo pensé en voz alta por lo visto.

Siento la necesidad de moverme de nuevo, ya no aguanto mas en la silla, quiero volver a estar apoyada en la cama con el culo en pompa…pero al incorporarme noto que no puedo cerrar las piernas, la cabeza ya está bajando…debe de estar muy abajo porque tengo la sensación de que mi vagina esta llena, una bola, algo redondo…evidentemente la cabeza del niño. Mi cuerpo pasa de estar apoyado en la cama a estar rezando de rodillas a estar a 4 patas. La matrona dice: esta a punto, mira como asoma el ano. Tengo la sensación de que esto no acabará, y entonces oigo que le dice la matrona a Mariano: mira la cabeza como asoma. Y le dice a la auxiliar: quédate, va a ser bonito de ver.
En algún momento la matrona le pidió a la auxiliar el espejo para ver asomar la cabeza del bebe, un espejo grande de baño redondo y blanco el borde.
Entonces me doy cuenta de que así no puedo ver asomar la cabeza, ni llego a tocarla si necesito apoyar las manos en el suelo….le digo: oh no, así no puedo ver nada!!!
Y ella me responde: estás cómoda así? O quieres cambiar?
Pero estoy tan bien a 4 patas…El aro de fuego!!! Noto el aro de fuego….me quema todo y disfruto al notarlo, notar como la cabeza sale…..¡plof!....me dice: empuja un poco mas que se ha quedado con la nariz tapada. ¡PLof! Y oigo a Mariano decir: está con los ojos abiertos ya!!! Yo sigo a 4 patas y en otro empujón noto como se desliza el cuerpo, es una sensación diferente de la cabeza, ahora todo es suave, no se nota tensión. La matrona lo sujeta, me doy la vuelta saltando el cordón de manera que me quedo sentada en el suelo y la matrona me puede dar a mi hijo, Urbez, que me mira y no llora. Mariano se había apartado y estaba con una mano apoyado en la cama mirando, llorando y la otra mano tapándose la boca….Y le sonrío y le digo: mira, mira, he parido!!




Urbez me mira, intento que se coja a la teta pero no quiere, sigo mirándolo. Ahora Mariano esta detrás de nosotros mirando y tocándole la cabeza al niño. La matrona sigue en cuclillas delante nuestro sonriendo, en silencio, solo nos mira y sonríe. Vuelvo a ofrecerle a Urbez el pecho y se agarra. Mi hijo está mamando de mi pecho. Acaba de nacer y está mamando de mí. El cordón late todavía, lo tocamos, se nota el latido.
Noto una contracción, pero no duele. Noto otra más y tengo ganas de moverme, necesito moverme. Como el cordón ya había dejado de latir la matrona lo pinza y lo corta. Mariano coge al niño y se queda de pie. La matrona le pregunta la hora a la auxiliar, eran las 4:05. Y pienso: joder, pues tampoco he tardado tanto, una hora desde que llegamos al hospital.
Yo vuelvo a ponerme a 4 patas, había encontrado la mejor postura para todo. Y en otra contracción la placenta sale suavemente, no me duele al contrario de lo que pensaba. La tapan con un empapador porque Mariano se marea con la sangre. Pero le pido que quiero verla, que quiero manosearla.
Mariano se sienta en el sofá con el niño en brazos porque se siente mareado. Según él había un montón de sangre, yo apenas veo sangre en ningún sitio.

Me levanto ya del suelo, no me duele nada….solo agotamiento del esfuerzo. Pero no puedo dejar de sonreír y de pensar: he parido yo sola, por fin!
La matrona coge la placenta y la examina conmigo sobre la mesa porque yo se lo pido, es algo fascinante. La textura, el color, me explica cómo funciona y que parte está unida al bebe y a mi útero. Me deja cortar un trozo del cordón, es duro y gelatinoso. Ya se la llevan. Yo estoy genial pero tengo ganas de mear, así que me levanto de la cama y voy al baño a mear y cagar, noto algo de molestia pero no dolor como en mi primer parto al ir al baño por primera vez. Vuelve la matrona y le digo que he cagado y meado toda feliz, como si fuera un logro.
Y le pregunto sobre el alta voluntaria…..me dice: ya te quieres ir?
No, ya no, pero esta tarde….sería genial. Me convencen de que por lo menos pase 24 horas, que mañana por la mañana me puedo ir. Accedo sin discutir porque quiero que el cardiólogo vea al niño.

Mariano me devuelve al niño y se agarra al pecho sin problemas….por fin noto lo que se siente al amamantar a un hijo, lloro por lo que se ha perdido Candela y me doy cuenta que la echo de menos. Y me acuerdo del comentario de una amiga, cuando le pregunté por el amor repartido entre dos hijos, me dijo que el amor se multiplicaba, que tendría amor suficiente para los dos y de sobra. Y es cierto.

La matrona vuelve para ver que tal estamos, si el niño sigue al pecho bien…todo está estupendo. Hablamos un rato y le explico que me había provocado el parto con aceite de ricino, que le agradecía mucho la forma de atenderme…. lloro un poco con ella de lo agradecida que le estoy, que no se imagina lo que esto significa para mí. Me abraza y consuela, y me da las gracias a mí por estar en mi parto.

Volvió mas tarde para despedirse. Por la mañana vino el ginecólogo que me dijo que no podría parir a 4 patas como un animalico, y me río por dentro pero no le digo nada, no merece la pena.

Tengo tal satisfacción de mi parto, me siento tan agradecida a la matrona y la auxiliar que me han atendido, tan llena, contenta, feliz….. reboso alegría por todos los poros. Y estoy deseando contarle a todo el mundo como ha sido mi parto, decir que he parido a 4 patas, que le doy el pecho a mi hijo desde el primer momento, que no lo han separado de mí ni un momento. Bueno, a las 7 de la mañana la auxiliar se lo llevó a pesar con Mariano, 3´830 kg. Eso fue todo. Ni vacunas, ni pruebas, ni colirios, ni aspiraciones, ni baño….mi hijo está mamando en mi pecho y está tal y como ha salido de dentro de mi útero. Está limpio, huele a sangre, leche y sudor mío. No es un ser humano, es una extensión de mi propio cuerpo. Como su hermana. Son dos brazos mas, dos piernas, dos riñones, dos pulmones…..si me los quitaran moriría. Son órganos vitales de mi cuerpo. Son mis hijos. Los quiero tanto…

A la mañana siguiente nos vamos a casa con el alta voluntaria. En el hospital se portaron genial con nosotros, no se llevaban al niño a ningún sitio, nadie nos dijo nada por dormir juntos. Y al llegar a casa me pongo nerviosa. Nerviosa de ver que hará Candela al ver a su hermano.
Entramos Mariano y yo a la vez al salón donde está ella con la abuela. Nos saluda: olla papa, olla mama!!! Llevo a Urbez en la bandolera, así que no lo ve hasta que no me siento a su lado y se lo enseño. Abre la boca de par en par y dice: a bebeeeee!!!!













Y a mi se cae el chorro al suelo de verle la carita de fascinación al observar al bebe, a su hermanito, al tato. La delicadeza con que le toca la carita, la cabeza y repite: a bebe!! A bebe!!!

Hoy hace mas de un mes de ese día, la recuperación ha sido rapidísima y seguimos con la teta aunque con algunas dificultades. No nos rendimos, eso por supuesto. Le vieron un soplo al nacer en el corazón, ya ha tenido la revisión en cardiologia y dicen que se cerrará por si solo en poco tiempo. Candela no ha tenido celos del hermano, lo quiere mucho y siempre está dándole besos, tocándole la cara….aunque hay que vigilarla porque ella también es un bebé, grande pero un bebé, e intenta tocarle los ojos, le mete el dedo en la boca manchado de chocolate….y es preciosa cuando le llama: olla cotita peñaaaa!!! (traduzco: hola cosita pequeña).

Soy una mamífera y me siento
orgullosa de ello.

Gracias a mi matrona MªPilar por estar ahí, y solo por estar, no interfiriendo en la naturaleza sino apoyándola.
Gracias al celador que me acompañó del coche a paritorios, por saber esperar el ritmo de mis contracciones.

Gracias a la auxiliar Gracia por ser espectadora de mi parto, por traerme agua, por humedecerme con paños de agua frios... por ser cariñosa.
Gracias al personal de planta por su trabajo.
Gracias al equipo de Pediatria porque cuando nos subieron a planta vinieron a explicarnos el procedimiento y pedirme permiso para llevarse a mi bebé porque era contrario a lo que pedí en mi plan de parto.

lunes, 1 de diciembre de 2008

El parto de Isabel y su hija Irene

Mi nombre es Isabel y mi hija se llama Irene. Os relato su nacimiento, ha sido afortunadamente un parto rápido y respetado.

Primero, me gustaría contaros que desde el momento en que supe que estaba embarazada de mi segundo hijo, me puse en marcha para planificar el parto lo mejor posible.

Ya os dejé el relato del parto de Iker, inducido, con ventosa y separado de mí durante cinco horas, sin razón aparente. En esta ocasión, quería evitar la separación a toda costa, era lo que más me importaba de todo.

Busqué otro ginecólogo y gracias a Bea, mi doula y a vosotros, oí hablar de Jorge Iranzo. Al principio ya le comenté cómo me gustaría que fuera el parto (sin oxitocina, sin episiotomía, lo más incorporada posible en el expulsivo, etc) y me dijo que mientras todo fuera bien, no tendría ningún problema en que así fuera. La matrona con la que trabaja es Ana Pintos y también estuvo receptiva a todo lo que le comenté.

Llegó así la semana 40 y planeaba la sombra de la inducción; seguí los consejos de Bea y de Eva, de La Madriguera, para provocar el parto y el sábado 16 de Noviembre a las 10 de la noche empecé a sentir algo, pero no sabía si eran contracciones. A las 23.30 ya tuve la certeza de que eran contracciones de parto.

Antes había llamado ya a Bea, pero como pude hablar con ella perfectamente mientras tenía alguna contracción, ella pensó que la cosa iba todavía para largo. También hablamos con Ana Pintos, mi chasco fue enorme cuando nos dijo que ella no iba a podernos atender y que estaría otra matrona sustituyéndola.

Se me fueron todas las ganas de ir a la clínica (sería en la Montpellier), aunque a las 12.15 mi marido decidió que nos íbamos, ya que yo ya casi gritaba con cada contracción y eran muy seguidas. Íbamos en el coche y yo le gritaba que corriera, porque sentada no podía ni aguantar el dolor, además, había decidido ponerme la epidural porque un dolor así no lo soportaba más. Al llegar, me hicieron un tacto, acabé de romper aguas e inmediatamente después sentí ganas de empujar. Estaba dilatada totalmente y sin tiempo ni de quitarme la camiseta, ni de ponerme el camisón de la clínica y mucho menos de la epidural, pasé directamente al paritorio.

Jorge casi ni llega, y Bea, mi doula, llegó al final. En dos empujones salió Irene, yo apenas tuve un pequeño desgarro, que me cosieron pinchándome un poco de anestesia. Noté cómo salía la placenta.

Ahora llega la parte que más me importaba… la primera atención a Irene. Días antes ya había hablado con Beatriz Bielsa, la pediatra del mayor, comentándole que me gustaría que Irene no fuera a la incubadora para darle calor, ni siquiera que se la llevaran ni 20 minutos. Me dijo que respetaba mi decisión y que así lo haría. El problema fue que a esa hora (las 12.30 de la noche) ella no iba a venir, por lo que estaría la pediatra de guardia, la Dra. Sánchez (creo) que resultó ser encantadora. El test de Apgar lo hizo con Irene encima mío, la vitamina K se la pusieron sobre mí, tan sólo se la llevaron (pidiendo permiso primero) para pesar y poner la vacuna. Fueron menos de 5 minutos, ni siquiera la midieron para no perder más tiempo.

Nos fuimos a la habitación las dos juntas y así estuvimos toda la noche, enganchada al pecho. En paritorio todos fueron encantadores, lo único que tuve que oír los siguientes días fueron comentarios de las enfermeras como…

“En 16 años que llevo trabajando aquí es la primera vez que no se llevan al bebé a calentar” ó “No la tengas todo el tiempo enganchada, déjala en la cuna. Así te van a salir grietas” ó “Ya sabes, 10 minutos por pecho cada 3 horas. Eso es lo que recomiendan matronas y pediatras”. También intentaron que le diera un biberón de glucosa por no sé qué rollo de bajada de azúcar… Es el único “pero” que pongo, la nula formación de las enfermeras.

En fín, que este segundo parto, afortunadamente, no ha tenido nada que ver con el primero, gracias a Jorge Iranzo y a la pediatra que nos atendió, la Dra. Sánchez. Ojalá hubiera más profesionales tan respetuosos como ellos.