domingo, 4 de enero de 2009

AMAMANTAR POR PLACER

Bueno, a veces llegan por internet textos magnificos como este, que me llega a traves de Susana (Plataforma de derechos del nacimiento). Disfrutadlo. Es un poco largo para un blog como este, pero merece la pena.

AMAMANTAR POR PLACER Y LA UBICACIÓN DE LOS RECEPTORES DE OXITOCINA
Reseña del libro EL CRISANTEMO Y LA ESPADA de Ruth Benedict (1946) (Alianza editorial, Colección antropología), comentada a la luz del MATERNAL EMOTIONS de Niles Newton (1955).



Amamantar por placer no es una referencia al neolítico o a la Edad Dorada de Cervantes, o al tratado de anatomía de Ambroise Paré del siglo XVI; es lo que ocurría en el Japón, al menos hasta mediados del siglo pasado.

La antropóloga Ruth Benedict realizó un estudio de la sociedad japonesa por encargo del gobierno de los Estados Unidos, que requerría ‘comprender
al enemigo’ en la IIª Guerra Mundial. El título hace referencia a las luces y a las sombras que Benedict encontró en aquella sociedad.

El libro cuenta que la sociedad japonesa funciona o funcionaba de manera distinta, y en algunos aspectos al revés que la norteamericana: el periodo de mayor rigidez era el de la adultez, y el de mayor libertad y relajación, el de la infancia y la vejez. El sistema de coerción y de disciplina social se levanta sobre un tipo de ‘pecado original’ peculiar y específico, que
deben expiar, y que se presenta como ‘una deuda’ que deben pagar. Pagar la deuda de vivir se identifica con su integridad y su dignidad humana, de tal manera que cualquier cosa queda subordinada a ese deber. Esta creencia es muy firme y estricta, y explica la rigidez y la disciplina de l@s japoneses.
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Sin embargo, cuenta Benedict, que contrariamente a lo que suponía, se encontró con un modelo de crianza mucho más amoroso que el occidental. Esto es con
sistente con el ‘amae’ que cuenta Michael Balint -citando al psiquiatra japonés Takeo Doi-: ‘amae’ (y su derivado ‘amaeru’) es un concepto japonés que no tiene equivalente en nuestra lengua y significa ‘amor primario’. Dice Doi que a los japoneses les cuesta trabajo creer que en las lenguas europeas no exista una palabra equivalente a ‘amae’ (y yo añado, que menos de lo que nos cuesta a nosotr@s creer y entender lo que significa dicha palabra). ‘Amae’ entonces, según Balint, es el tipo de amor que corresponde a la etapa primal de la vida humana, que tiene la carga libidinal más alta. Es el amor además del aprendizaje y puesta en marcha de las bases erótico-relacionales de la vida humana, como explicaba Juan Merelo-Barberá. Eliminar desde el principio el ‘amae’ es la vía seguida en occidente para establecer la dominación (por eso no existe palabra equivalente), que evita tener después que tomar medidas drásticas, como en el modelo musulmán.



Cuenta Benedict que según el sistema de creencias o paradigma de vida japonés, el periodo de mayor placer para las mujeres era el del amamantamiento. Tal era el reconocimiento y la consideración social que tenía el amamantar. Como dice Bergman, un paradigma es una presunción de cómo son las cosas, un sistema de creencias que se dan por inmutables y por lo tanto, nadie se interroga por ellas. Amamantar con y por placer formaba parte del sistema de creencias sobre la vida humana en la sociedad japonesa. No se imaginaban que las cosas pudieran ser de otro modo, o que pudiera existir un mundo sin ‘amae’.

Según Benedict, el gobierno japonés emprendió (no dice la fecha, en las primeras décadas del siglo XX) una campaña recomendando el destete a los 8 meses, con toda una serie de argumentos supuestamente científicos, que presentaban el destete como necesario para el bienestar y la salud del bebé. Las mujeres japonesas, dice Benedict, no hicieron caso y la campaña sólo tuvo algún eco entre las clases medias. Aún convencidas de que el destete era lo mejor para sus hij@s, las mujeres no siguieron las recomendaciones de las autoridades sanitarias, porque no querían renunciar al placer de amamantarles. Su resistencia fue grande, pues además eran criticadas de malas madres, de egoístas, por no obrar por el bien del bebé y sólo pensar en su propio placer. Es decir, que encima, como siempre, el placer se asociaba al sentimiento de culpa. Cuenta Benedict que l@s bebés eran siempre cargad@s, como ya sabíamos, dormían con las madres, etc.; y también que aprendían a hablar antes que a andar, cosa para la que Benedict no encontraba explicación. Sin embargo, ahora, a la luz de los recientes hallazgos que han trascendido de la neurobiología, sí podríamos entenderlo, sabiendo que existe una correspondencia entre el desarrollo y formación del sistema neurológico y el tipo de relación con la madre.

Volviendo al estudio de Benedict, el modelo de socialización japonés, al igual que el islámico, tiene una mayor permisividad en la etapa primal (lo que no quiere decir que sea total puesto que en Japón también se prohibía el calostro y la teta los tres primeros días), y luego asestan el golpe brusco; en lugar del proceso sutil y elaborado de nuestra civilización donde la represión, la drástica supresión del 'amae' empieza desde el mismo nacimiento.

En lugar de mutilaciones genitales, los japoneses tienen un sistema de chantaje emocional verdaderamente bestial, según el cual, l@s niñ@s viven bajo la amenaza de ser abandonad@s. Cuenta Benedict que el sistema forma parte de la cultura y de los hábitos sociales, hasta el punto que un visitante desconocido, sin estar previamente advertido, le seguirá el juego a una madre que le diga a su hij@ que el visitante ha venido para llevárselo; lo mismo que en nuestro país cualquiera le sigue el juego a una madre que le dice a su hij@ que van a venir los Reyes Magos. Bajo esta amenaza explícita, l@s niñ@s hacen cualquier cosa que se les mande hacer.

El relato de Benedict sobre el amamantar por placer, es consistente con el estudio fisiológico de Niles Newton (Maternal emotions, 1955). Newton era médico de un hospital y comenzó a investigar los casos clínicos de patologías de la lactancia: mastitis, obstrucciones, etc.; primero con un enfoque fisiológico y luego ya ampliando la investigación a demás factores psicológicos, sociales, sexuales, etc.

Sus primeros trabajos publicados fueron sobre el reflejo de eyección de la leche, el cual se realiza con la llegada de la oxitocina a la fina retícula muscular de los alveolos de los pechos (yo me he enterado de esto al leer a Newton). Newton se dio cuenta de que muchas veces había leche en las glándulas mamarias, pero no podía salir porque fallaba el reflejo de eyección, produciéndose los enquistamientos, mastitis, etc. Es decir, que estamos en lo mismo que le pasa al útero: falla el deseo, falla la sexualidad femenina, falla la producción de oxitocina, y entonces falla la fisiología de la lactancia. Newton después investigó la relación, en una misma mujer, de las diferentes expresiones de su sexualidad, la valoración de su condición femenina, etc. encontrando estadísticamente correlaciones significativas.

Así pues, las ‘contracciones’ del útero durante la lactación, también detectadas clínicamente, se deben a la oxitocina. La ubicación de los receptores de oxitocina, en los músculos del útero y de los pechos, explica la anatomía del sistema erógeno femenino, y también la relación entre el placer en los pechos y en el útero, tal como la describe Paré (y tal como lo expresan los dibujos del neolítico):

Luego existe una simpatía desde las mamas a la matriz: porque acariciando el pezón, la matriz se deleita de manera especial y siente un temblor agradable porque este pequeño extremo de la mama tiene un delicado sentir, debido a las terminaciones nerviosas que tiene: con el fin de que los pezones tengan afinidad con las partes que sirven a la generación, y también para que la mujer ofrezca y exhiba con mayor agrado sus pechos a la criatura que se los acaricia dulcemente con su lengua y su boca. Con lo cual la mujer siente un gran deleite, principalmente cuando hay leche en abundancia.

[Or y a-t-il une sympathie des mamelles à la matrice : car chatouillant le tétin, la matrice se délecte aucunement et sent une titillation agréable parce que ce petit bout de mamelle a le sentiment fort délicat, à cause de nerfs qui y finissent: à celle fin que même en cela les tétins eussent affinité avec les parties qui servent à la génération, et aussi à ce que la femelle offrît y exhibât plus volontiers ses mamelles à l’enfant qui les chatouille doucement de sa langue et bouche. A quoi la femme sent un grande délectation, et principalement quand le lait y est en abondance.]
Ambroise Paré, Tratado de Anatomía, 1575.

La activación del reflejo de eyección de la leche con la llegada de la oxitocina, que describe Newton, explica ‘la simpatía’ entre las mamas y la matriz, y también que ‘el deleite’ esté en relación con la abundancia de la leche (cuanta más leche, más pulsación de los músculos eyectores, etc.). También explica que las japonesas de Benedict siguieran amamantando por su propio placer, a pesar de haberlas hecho creer que no era bueno para sus bebés.

Esto es también consistente con los pulpos que las mujeres de hace tres mil años dibujaban en sus cántaros, cuyos ocho tentáculos, en la mayoría de los que he visto (entre otros, los 34 cántaros del museo arqueológico de Naxos), salen de los pechos. Amamantar entonces era el periodo de mayor placer en la vida de una mujer (como en el Japón que cuenta Benedict). Entonces corría la prolactina, la hormona del cuidado, también por el campo social, como dice Odent; era la sociedad del apoyo mutuo regulada por la economía sexual (Reich). ¡Vaya cambio de paradigma de mujer y de sociedad! ¡Y que no nos digan que es culpa de la tecnología! No hay que cuestionar la tecnología, pues si se recuperase el funcionamiento básico de la vida, todo lo demás se iría reajustando poco a poco.

Después del relato de Benedict y de Newton, queda claro que el contacto piel-con-piel del 'Cuidado Madre Canguro' (Kangaroo Mother CAre) de Bergman, es un indicador superficial de un proceso corporal más global, que va a depender, en nuestra sociedad, del grado de acorazamiento y desconexión interna del cuerpo materno. Se supone que la piel con piel puede activar y desencadenar la relajación necesaria para el proceso sexual, etc., pero hay que saber que lo decisivo es la carga libidinal de la relación corporal, carga que se puede reconocer por el placer que sientan las madres (y que necesariamente será compartido con su bebé, pues de otro modo no sería tal).


P.D.
A veces escribo en presente siguiendo las palabras de Benedict y a veces en pasado: no sé lo que habrá cambiado la sociedad japonesa en estas 7-8 décadas.

Publicado por Casilda Rodrigáñez Bustos