lunes, 11 de enero de 2010

El parto de Eli y su hijo Simón.

Me llamo Eli y me da un poco de vergüenza contaros el nacimiento de Simón pero fue un parto muy chulo en el Miguel Servet y, aunque es algo tan íntimo, se cuantos testimonios de partos se leen y se oyen antes de dar a luz. Esta es mi historia y empezó una noche a finales de verano...

Seguía trabajando en la semana 36 y fue precisamente en la oficina donde sentí por primera vez unos dolores de regla que no me dejaban pensar con claridad, nos fuimos para urgencias del Servet y allí empecé a manchar el salvaslip con un poco de sangre, después de un tacto y un test basal me confirmaron que estaba perdiendo el tapón mucoso, que estaba 2 cm dilatada y que NO tenia contracciones de parto, así que me fui para casa y me cogí la baja, con el convencimiento de que, aunque para la medicina yo no estaba de parto, el nacimiento de Simón ya había comenzado.

El 31 de agosto del 2009 por la noche (estando en la semana 37), mientras veía la TV, sentí un liquido resbalándome por las ingles y enseguida supe que estaba rompiendo aguas,Fede estaba a mi lado en el sofá y desde ese momento me siguió por toda la casa como una sombra inquieta y atenta, en el baño mientras me duchaba, en la habitación mientras me vestía, por el pasillo, la cocina...yo sentía una mezcla de nervios contenidos y alegría.

Fuimos en coche al Servet, era media noche, las urgencias de maternidad no estaban muy llenas pero nos hicieron esperar el rato suficiente como para que el líquido, que seguía manando poco a poco, rebosara la compresa y los pantalones, en el baño de la sala de espera comprobé el "zancocho" que llevaba y que el color del liquido era rosado y no olía a nada.

Me miraron y me hicieron un test basal, ahí estaban mis 2 cm y de contracciones de parto nada de nada, me dijeron que me ingresaban para controlar la rotura y provocar el parto en 24 horas si no comenzaba solo, en ese momento me vinieron a la mente todas las historias de partos hospitalarios infelices que había leído y le dije a la médico que me atendió que no quería ingresar, que me iba a mi casa y que volvía en un día si no había contracciones, ella me dijo que no me podían obligar a quedarme, que valorásemos la situación y decidiésemos.

Fede no se atrevía a volver a casa, me dijo que no tuviese miedo, que él se iba a quedar conmigo y que todo iba a salir muy bien...me convenció y ahora pienso que acertadamente.

Ingresé a la 01:40, no sentía absolutamente nada a excepción del pequeño manantial que seguía saliendo y saliendo, sin prisa pero sin pausa.

En la planta 6ª de la maternidad me dieron una habitación de dos para mi sola, pude observar, mirando sobre el escritorio del control de enfermeras, que había habitaciones ocupadas por una sola persona así que en nuestro fuero interno agradecimos que tuvieran el detalle de concedernos esa intimidad.

Como éramos novatos en cuanto a partos se refiere y no sabíamos qué iba a pasar decidimos que Fede se bajara al coche a por la bolsa en la que, por cierto, tenía preparadas unas magníficas compresas para pérdidas de orina que estaba necesitando ya urgentemente porque las del hospital eran un poco peores y traspasaban.

Vino a verme Pilar, la matrona de planta, y dijo que me dejaba a mi aire para que durmiese si quería pero que la avisase cuando las contracciones fuesen cada 5 minutos durante al menos una hora o si me empezaba a encontrar muy mal. De nuevo agradecida en mi fuero interno de que me dejasen tranquila, me sentía mejor así. Me tomé el antibiótico que me dejaron en la mesilla.

Ya sola y con la bata puesta me tumbé en la cama a leer, sabía que no iba a dormir porque estaba demasiado activa. No se cuánto tiempo había pasado cuando empecé a sentir la típica molestia de "me va a bajar la regla", como anteriormente la había tenido no me di ni cuenta de que la sensación pasó a dolor y poco a poco me fui desconectando de la lectura porque la cama se me empezaba a quedar pequeña.

Al principio no notaba ningún patrón regular, tan solo habían pasado 15 minutos desde el ingreso, el dolor era llevadero y me encontraba mejor deambulando por la habitación. Como no llevo reloj me preparé el móvil y un papel en la cama para ir apuntando cada cuantos minutos tenía contracciones.
A las 02:00 hice la primera anotación. No estaba segura de que fuese eso una contracción pero lo que tenía claro es que era un dolor soportable pero que durante unos segundos se intensificaba.

Volvió Fede, fui al baño a cambiarme la compresa y en el baño, sentada en la taza se presentó la primera, clarísimamente, una oleada de fuerza que comenzaba casi en la boca del estómago y bajaba hasta el pubis.

Le dije a Fede que apuntase el los minutos, porque empezaba a sentirme apurada, habían empezado muy rápido, las primeras las tuve cada 7-8 minutos...a la media hora eran cada 3 y súper intensas.

No me dió tiempo a nada, ni a pensar ni a asustarme, de repente mi cerebro humano desapareció y emergió el instinto de mamífera que va a dar a luz a su cría, desapareció mi cerebro y la habitación, y Fede sentado en la cama a mi lado y el hospital y las emociones y el futuro, todo era un vacío en el que estaba yo, pariendo, ni siquiera pensaba en que el bebé que venía era mi hijo.

Para sobrellevar el dolor respiraba nariz-nariz aunque esa respiración dejó paso a un resuello porque no me daba a tiempo a reponerme entre una y otra, me apoyaba en la cama y me agachaba como si quisiera tocar el suelo con el culo mientras balanceaba la pelvis, le pedí a Fede que ni me tocase ni me hablase, apenas podía hablar y la voz que me salió fue de lo mas gutural. Resollaba, me balanceaba, gruñía, clavaba los dedos en la cama, me agachaba más y más, temblaba, sudaba...Fede dice que parecía una hechicera africana haciendo algún tipo de danza ritual.

También corría al baño cada vez que se pasaba la contracción porque mi intestino se estaba vaciando y porque seguía saliendo liquido, me daban las contracciones sentada en la taza...así que me retorcía hasta casi perder el sentido a la vez que hacía caca, a la vez que expulsaba liquido y a la vez que hacía pis, a todo esto mi bata de hospital estaba empapada de sudor, me caían las gotas por el cuello y la nuca.

Llamamos a Pilar, que vino enseguida, me hizo un tacto, 3 cm, "¡soloooo!", me dijo que si quería la epidural me pasaban a dilatación y me la ponían, yo no había presentado plan de parto (ni sabía que era eso) pero quería usar la anestesia como ultimísimo recurso, no se lo había confesado a nadie pero pensaba que era una deslealtad por mi parte hacia mi hijo el librarme del dolor y dejarle a el todo el trabajo, o todos o ninguno.

Volvimos a quedarnos solos y el dolor fue a tope, me parecía mentira que doliese tanto y que siguiese viva después de cada contracción, intenté tumbarme en la cama a cuatro patas pero fue peor, definitivamente mi postura era en cuclillas, con las piernas separadas lo máximo que podía y contoneando la pelvis.

Eran casi las 03:00 y no podía soportarlo más, decidí seguir adelante con epidural, llamamos a Pilar, vino, me miró, en menos de 10 minutos había pasado a 6 cm, me dijo que tenía al bebé muy bien colocado, le pregunté que qué significaba eso y me contestó que eso, que el niño estaba empujando muy bien.

Dejamos la habitación, yo retorciéndome en la cama, Fede me acariciaba el pelo. Durante el camino a dilatación me vinieron contracciones muy fuertes, creo que era por tener que pasarlas tumbada aunque me ponía de lado, las luces de los pasillos me resultaban muy intensas, los sonidos los oía lejanos, a veces me costaba entender las palabras que Fede me decía, sencillamente no estaba en el mundo real, navegaba por el dolor y las sensaciones corporales a merced de las hormonas que mi cuerpo debía estar segregando.

Antes de llegar a la sala de dilatación me entraron unas ganas terribles de hacer caca con las contracciones, "que sea lo que Dios quiera"-pensé-"además estos estarán acostumbrados a todo", así que hice fuerzas pero de mi ya no salia nada (había ido unas 6 o 7 veces en la habitación. Después del parto comprendí que mi cuerpo había empezado con los pujos él solo en ese instante en un ascensor)

En la sala de dilatación pude ir al baño una vez más, no hacía nada pero sentía una necesidad enorme de abandonarme a las ganas de hacer fuerza.
Apareció Eva, la matrona de guardia, una chica joven y sonriente, a Fede lo dejaron fuera mientras me ponían la monitorización externa, también vino una auxiliar súper seria y aunque suene extraño me dolió que no me dedicase ni una sonrisa, estaba hipersensible. La auxiliar seria me dijo que me tenían que tomar las huellas, que no me moviese, la cogí de la mano casi suplicando clemencia porque me costaba estar quieta y para mi sorpresa me devolvió el apretón, me sonrió fugazmente y me dijo que no me preocupase que se esperaba a que se pasase el dolor, al cabo de unos segundos me tomó las huellas y Eva me puso una vía, le pregunté que que me ponía y me dijo que solo era suero, le pregunté si me iban a poner oxitocina y me dijo que si no hacia falta no.

Nos quedamos solas, le pedí la epidural pero ella me dijo que hasta que trajeran los papeles me examinaba...me miró y me preguntó si no tenía ganas de empujar, le dije que no sabía si eran ganas de empujar pero que las contracciones me daban ganas de ir al baño, me dijo que empujara un poco y lo hice, pero me sentía desfallecer de cansancio.

Trajeron los papeles de la epidural, los tenia que leer y firmar, me puse el folio ante los ojos y ¡no entendía las palabras!, claro, si mi cerebro racional me había abandonado ¿como iba a leer y mucho menos escribir?...le dije a Eva que lo firmara ella por mi, que yo decía amén a todo, se echó a reír y me dijo que no podía hacer eso así que lancé el folio a algún sitio y resolví firmarlo entre contracciones.

Llamaron a Fede, que entró vestido de verde cirujano, con una especie de pantuflas de tela fina para cubrir los pies, a mi me entró la risa y me alegré tanto de verle...se puso a mi lado en la cama, Eva le dijo que se encargara de pasarme gasas de agua por la frente para refrescarme, mientras yo hacía auténticos esfuerzos por los pujos.

Para mi esta fue la parte más dura del parto, estaba cansada, llevaba mas de 24 horas sin dormir, apenas podía hacer fuerza durante 3 segundos, me resultaba increíble estar en esa fase, ¡me había concienciado para una dilatación larga de primeriza y ya estaba en el expulsivo tan solo una hora y media después de haber ingresado!

Eva me dijo que adoptase la postura que más me gustase, me puse de lado y ella me sugirió que yo misma me sujetase una pierna, a esas alturas Fede no lo pudo resistir y se estiró para ver, la matrona le dijo que mirase pero que no dejase de pasarme las gasas por la frente, de pronto me acordé de la epidural y la volví a pedir...pero Eva me dijo que ya no daba tiempo a ponérmela, en mi interior me sentí aliviada de no tener ya esa opción, así lo había deseado desde que supe que estaba embarazada y así iba a ser.

Estábamos los tres en una salita pequeña, aunque la luz era "fea" sentía un ambiente muy cálido e íntimo, Eva me daba ánimos y Fede también, cada vez empujaba mejor, me sentía más capaz de concentrar la fuerza y sobre todo me animaba mucho que Eva me dijese que mis esfuerzos estaban surtiendo efecto porque la cabecita de Simón cada vez iba ganando más terreno por el canal del parto, en un momento dado la matrona llamo a Fede a su lado y le dijo que cogiese una bandeja metálica y que me la pusiese a modo de espejo para que viese por mi misma la cabeza a punto de coronar, la pura verdad es que no distinguí nada y tampoco me esforcé mucho en enfocar, Fede estaba exultante, me retransmitía lo que él veía.

Debía ser impresionante ver como la cabeza de nuestro hijo salía con cada contracción y se volvía a meter hacia adentro, en ningún momento la matrona me tocó la barriga ni me presionó el abdomen, respetó el tiempo de mi hijo avanzando y retrocediendo.

Me cogió la mano y la llevo a mi entrepierna, "esto que estás tocando es el pelo de tu hijo, ya está aquí", ¡que cosa tan rara tocar un cráneo duro en un sitio tan blandito!

Aún puje un par de veces más y de pronto Eva me dijo que nos íbamos al paritorio porque la cabeza de Simón había coronado y ya no retrocedía, en un segundo entraron las auxiliares, me quitaron las cintas del monitor, me taparon y me llevaron a una sala al fondo del pasillo: EL PARITORIO

Esperaba encontrarme con un quirófano lleno de focos, en el que tendría frío y me quedaría cegada por una intensa luz...imaginaos mi felicidad cuando entramos en una sala amplia, iluminada tan solo por una lámpara de quirófano que enfocaba solamente la zona de trabajo de la matrona y otra lámpara que iluminaba la mesa de revisiones con una luz cálida.

Pasé por mi propio pie a la silla de parir, me pusieron las piernas en cabestrillo, la espalda semiincorporada y me llevaron las manos a unos asideros.

Vale, quizá no es la postura que yo hubiese elegido pero me sentí cómoda.
Eva apareció vestida con mascarilla y gorro, "tranquilos, soy yo disfrazada", esta vez Fede si que se quedó a mi lado, bien quieto, a mi otro lado había otra mujer que no se si era otra matrona o una auxiliar, Eva se concentró más y estaba más callada y la chica que tenía a mi lado era la que me guiaba en las respiraciones.

No sé si empujé muchas más veces, llegamos a un punto en el que Eva me pidió que no dejase de hacer fuerza, que iba a salir ya la cabeza.

Lo siguiente pasó a toda velocidad, apreté mis dientes, y sentí un ardor brutal en los genitales, parecía que estaba en medio de un fuego, ahí si que lloré mientras gritaba "¡¡cómo dueleeeeee!!", tanto Eva como la chica de mi lado me daban ánimos, a ellas se las notaba más excitadas, creo que para las matronas y profesionales que atienden partos y aman su trabajo este momento también está cargado de emoción. De pronto, ambas me indicaron que soplase; soplé, aún espantada por lo que estaba sintiendo en mi cuerpo, así que más que soplar parecía una locomotora a vapor saliendo de una estación.

De pronto la chica de mi lado me indicó que me incorporase un poco a la vez que Eva decía "¡cógelo!"...y lo cogí.

¡Mi pequeñín gris y pegajoso recién salido de su pequeño mundo al que nunca más volvería!, me lo puse muy cerquita de la cara, abrazándolo, Fede también pegó su cara a las nuestras, ¡Simón era precioso! salió guapísimo, sin los ojos hinchados, con la carita redonda, al principio no lloraba pero se movía como una culebrilla, luego empezó a chillar y eso fue música para mis oídos:mi hijo estaba bien vivo y se le veía capaz de iniciar su vida extrauterina.

La chica que me había asistido las respiraciones se puso con nosotros, Fede le dijo que Simón olía muy bien y ella nos contó que le parecía que los niños cuando salen huelen a galletas. Eran las 4:40 del 01 de septiembre de 2009.

Cortaron el cordón, no se si aún latía, no me di cuenta, nos sorprendió lo tendinoso que era. Yo empecé a sentir contracciones de nuevo (o a lo mejor no las había dejado de tener pero no me enteré), le dije a Fede que cogiese al pequeño "que esto aún no ha terminado", Eva sujetaba la parte del cordón unida a la placenta. Las contracciones eran menos dolorosas y no recuerdo mucho, solo que en un momentito salió la placenta, que la sentí bajar y que expulsarla me causó el mayor alivio jamás imaginado.

Le pidieron permiso a Fede para examinar al niño en una mesa (totalmente verídico, le dijeron "¿nos lo dejas un momentito que ahora te lo devolvemos?") a nuestro lado en esa misma sala, ¡como berreaba Simón!, recuerdo que le canturreaban y le decían "tranquilo pequeño que ahora irás con mamá", Fede estuvo con ellas todo el rato del examen, Eva me avisó de que iba a notar dos pinchacitos de anestesia local porque me había desgarrado un poco, fueron dos puntos en la vagina y otros dos por fuera.

Cuando acabó nos enseñó la placenta y nos explicó cual era la cara del niño y cual la de la madre, vimos la bolsa con el agujero por el que había salido Simón y, con cierta melancolía, me despedí de nuestra placenta en silencio, dándole las gracias por habernos acompañado en nuestra aventura a mi hijo y a mi.

No se cuanto tiempo había pasado desde el nacimiento, no más de media hora quizá, me pusieron a Simón al lado y me indicaron como debía darle el pecho, se enganchó a la primera.

Me entraron unos temblores bestiales, casi convulsivos, pero me dijeron que era normal después del esfuerzo. Antes de salir al despertar bajó Pilar de la planta 6 a darme la enhorabuena, yo alcancé a darles a todas las gracias, "es nuestro trabajo", "pues lo hacéis muy bien".

Simón siguió mamando toda la hora siguiente, en la sala del despertar estábamos solos, recuerdo una mujer sentada en una mesa en el centro leyendo bajo un flexo, recuerdo la brisa del amanecer de un día que iba a ser caluroso entrando por una ventana abierta, recuerdo el inmenso alivio que sentía, la paz, la ligereza de mi cuerpo, la felicidad de tener a mi pequeño...cuando me
llevaron a la habitación se quedó dormido y yo me levanté, cuando vinieron por la mañana a verme ya había hecho pis y caca (¡si, otra vez!) y me pude duchar, la verdad es que me encontraba muy bien, lo único malo fue que no podía dormir así que me pegué 36 horas seguidas despierta...pero eso es otra historia, mi niño había nacido y lo habíamos hecho muy bien, me sentí muy orgullosa.

Simón tiene 4 meses, es gordito, precioso y risueño, algunas veces le digo que me encantó parirle y que tendrá teta siempre que quiera.


Me ha salido un mail muy largo pero es que no quería dejarme nada en el tintero, no tengo ninguna queja del trato que recibí y de como parí, pero si que he de hacer una reflexión y es que no puedo evitar pensar que ese día me tocó la lotería y la lotería es azar, si voy a parir a un hospital no quiero tener suerte de encontrarme con un equipo que me respete, quiero tener certeza, y hoy por hoy no la tengo, ¿con quien me encontraré la próxima vez?, si me hubiese encontrado con profesionales de la "vieja escuela" ¿habría sido igual?, ¿en todos los turnos y en todos los equipos la gente es como Eva, Pilar, la chica de mi lado en el paritorio, etc? Sencillamente, no lo se y eso hace que, pese a lo agradecida que estoy al equipo que me acompañó, me plantee seriamente como parir la próxima vez.

4 comentarios:

Lorién dijo...

Enhorabuena por tu parto y tu buena experiencia. Me alegra saber de este tipo de partos porque me da por pensar que las cosas van cambiando aunque sea poco a poco.

Nosotros tuvimos una suerte aún mayor, porque el parto de Celeste fué mucho más largo, y sin embargo respetado de principio a fin.

Pero compartimos contigo tu última reflexión. Después de una experiencia tan buena, ¿como arriesgarse a una mala? ¿como será la proxima vez? ¿seremos respetados como la primera?

Gracias por compartirlo.

EVA dijo...

Enhorabuena por tu parto! Me ha encantado! Tu reflexion la hago mia, como se puede ir a parir con tranquilidad a un hospital donde no sabes si van a respetar tus decisiones?

VANESSA Y MARTA dijo...

Me ha emocionado mucho tu parto, nada que ver con el mio, pero cada parto es un mundo. Desde luego fuiste muy valiente y pariste como una verdadera mamífera, de verdad me ha encantado, me ayuda a pensar que quizá mi próxima vez sea mejor.
enhorabuena, de todo corazón

Elisenda dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios, la verdad es que me costó más escribirlo que hacerlo.
Me acompañaron muy buenas profesionales y todo fue rodado, sin embargo me costó conectar con el pequeño más de lo que me hubiera gustado, supongo que tantas horas sin dormir, las visitas y el ambiente hospitalario te llenan la sangre de hormonas del estrés, además de que me vi con la criatura y no sabia ni cambiarle los pañales.
Los tres días posteriores al parto, en el hospital, fueron para mi como un cautiverio, la gente me decía "si aquí te lo hacen todo, ya veras, cuando llegues a casa lo echarás en falta" y yo poniendo buena cara y saliendo al pasillo a mirar por una ventana que daba al parque grande por donde me imaginaba que salía volando libre...