Pero hay algo que merece la pena compartir.
Mi chico conoció la nieve hace unas semanas. Le pregunté si le gustaba tocarla y me dijo que no, que estaba fría y mojada. (Ha salido fisno como su madre). Pero me dijo que sí le gustaba pisarla.
No presté demasiada atención, la verdad. Pero hoy, que lo echaba mucho de menos cuando iba a trabajar, que la nevada ha sido en toda España, pensé en él y caminé por un poquito de nieve que había en el cesped, en lugar de ir por el camino que otros habían abierto en la acera para no resbalarme.

Y es verdad, cuando pisas la nieve es como tener petazetas de la boca, pero en los pies.
Si no fuera por él, hoy no podría responder a qué se siente cuando pisas la nieve. Nunca podría haberlo vuelto a sentir.
Y ha sido toda una experiencia. Me he dado cuenta que no hago más que responder a preguntas de si ha aprendido a hablar, a comer solo, a vestirse, a contar, a cantar... Y nadie me ha preguntado qué he aprendido yo. Pues yo, hoy, he aprendido a escuchar un poquito más.
1 comentario:
Hola Estefania!
Que razon tienes! Todos los dias se aprenden un monton de cosas con los hijos, solo hay que reaprender a escuchar.
Publicar un comentario